Han sido varias las mentiras en torno a la decisión del Gobierno de conceder “prisión atenuada” a De Juana. A lo largo del día de ayer y lo que va de hoy hemos podido comprobar cómo los medios de comunicación afines al Gobierno han desplegado su aparato de propaganda para justificar lo injustificable. La mayor falsedad es hacernos creer que no se ha cedido a ningún chantaje, sino que se ha hecho “un acto humanitario” para salvarle la vida, pues “el Estado debe preservar la vida de todos los presos”. En primer lugar el responsable de un hipotético suicidio hubiera sido De Juana, no el Estado. Él, libremente, tomó una decisión, con todas sus consecuencias, y vino a decir “o me liberais o no como”. Simple y llanamente. Y eso tiene un nombre: chantaje. Lo mismo que pasó con Miguel Ángel Blanco o José Antonio Ortega Lara. Los terroristas dijeron “o nos dais ésto o sacrificaremos a éstos”. La diferencia está en que en ese momento se mantuvo la dignidad del Estado aún a costa de un precio altísimo: la muerte y el ostracismo de dos años en un agujero, respectivamente, de dos inocentes. Hoy, en cambio, hemos vendido nuestra dignidad por “salvar” a un asesino que no se ha arrepentido de sus crímenes y que era el único responsable de suicidarse o no. ¿Ha sido o no un chantaje?
Otra manipulación ha sido afirmar, como muchos han hecho, que el PP de Aznar hizo lo mismo con otros 20 terroristas que estaban en la misma situación. Rotundamente falso. El Gobierno de ese momento sacó de la cárcel a 20 asesinos etarras. Cierto. ¿La razón? Que se hizo porque padecían enfermedades incurables, muriendo incluso varios de ellos a los pocos meses de salir de la cárcel. En lo que mienten estos medios y el propio Rubalcaba es en decir que ahora se hace lo mismo con De Juana. Este criminal no padece una enfermedad ajena a su persona. Él mismo, de forma libre, optó por no comer, siendo ésa la causa de su estado. La solución es fácil y ya la ha seguido. Volver a comer. ¿Tiene esta situación algún paralelo con las anteriores mencionadas?
Otra mentira, aún no comprobada pero que algún día conoceremos en su plenitud, ha sido la que De Juana llevaba 115 días sin comer nada. Sencillamente, no me lo creo. Expertos médicos han acreditado que una persona no aguanta más de 60-80 días sin ingerir ningún alimento. Tenemos los ejemplos de presos del IRA o del GRAPO, que en su día hicieron lo mismo. Todos ellos fallecieron mucho antes de los 115 días. ¿Qué pasa? ¿Este tío es Superman? Más que nada porque los policías que le vigilaban en el hospital madrileño han reconocido que este sábado le encontraron manteniendo “una relación especial íntima” con su novia y en su cama. También contaron cómo tras echar a su novia éste se enfadó, se quitó la sonda nasogástrica y pasó el resto de la noche durmiendo en el suelo. Un moribundo no hace esas cosas. Y tampoco baja por su propio pie de la ambulancia al llegar al País Vasco. La imagen me recordó a cuando Pinochet, ¡oh, milagro!, se levantó de su silla de ruedas en cuanto volvió a Chile tras su “amargo” paso por tierras británicas.
El cuarto engaño que aquí destaco (entre muchos otros) es el de decir que la decisión es responsabilidad única de Rubalcaba. Ésta es una verdad a medias. Rubalcaba, como ministro de Interior, es responsable. Pero la persona a la que hay que exigirle cuentas es una, el presidente del Gobierno. Como en todos los gobiernos del mundo, quién toma la decisión en última instancia, es el presidente. Y que no nos cuenten películas. Lo que pasa es que Zapatero no quiere que este turbio asunto le salpique más de la cuenta. Han pasado ya más de 30 horas del envío del asesino a su casa en régimen de “prisión atenuada”. ¿Alguien a oído al presidente de nuestro país decir algo sobre un asunto que preocupa a millones de españoles? Pues es su obligación y debe serle exigida una respuesta. Que además de caer en la traición y la ignominia no caiga en la cobardía.
La única verdad es que ha sido una decisión legal y legítima. Por supuesto. Desde ese punto de vista ha sido intachable. Sin embargo, muy diferente es su análisis desde el punto de vista político y ético. Aquí no tengo limitaciones en afirmar que, para mi, ha sido un acto injusto e inmoral.
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