Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

El Cardenal Cañizares y su inquebrantable compromiso con el Dios del Amor

Miguel Ángel Malavia 25 Mar 2007 - 23:46 CET
Archivado en:

Cada vez que surge un tema trascendente para el conjunto de la sociedad española, todo el mundo sabe que tarde o temprano se escuchará la opinión en torno al mismo de una voz firme, comprometida y directa. La voz de don Antonio Cañizares Llovera. El Arzobispo de Toledo y Cardenal primado de España nunca se esconde, lo que le lleva a ser el centro de las críticas de los de siempre. Y los de siempre son aquellos que, en virtud a la libertad de expresión, se permiten opinar de todo (afortunadamente, pues vivimos en un país democrático), pero sencillamente no soportan que alguien exprese una opinión contraria a la suya. Los católicos (y muchas personas no creyentes pero respetuosas con las conciencias de los demás) de este país tenemos un referente claro en Cañizares. Su compromiso le lleva a opinar sobre muchos asuntos polémicos (no siempre ligados al ámbito de lo espiritual, como la defensa de la unidad de España), pero siempre desde la coherencia. Los que le califican de “ultra” o “integrista” deberían saber que jamás ha dicho algo que se salga de la esencia del mensaje cristiano, preservado por la Iglesia. Que yo sepa, un católico fiel a sus principios no es un radical, como tampoco lo es aquel que cumple con su horario de trabajo. En un tiempo dominado por el relativismo y la dictadura de lo políticamente correcto, se hace necesaria una voz firme (nunca autoritaria, a pesar de lo que dicen sus críticos) y libre de complejos.

La última ocasión en que Cañizares ha impuesto su particular sello acaeció ayer al presidir la misa de inicio del Año Jubilar en Guadalupe, con motivo del centenario de la proclamación como patrona de Extremadura de la Virgen de Guadalupe. En el santuario mariano, ante las autoridades extremeñas (con el presidente Ibarra al frente) y arropado por unos 15.000 fieles, no dudó en criticar (ya lo había hecho la semana pasada al saltar la polémica) las fotos blasfemas financiadas por la propia Junta de Extremadura hace ya varios años. Los miembros del Gobierno extremeño habían tratado de condicionar a lo largo de la semana las palabras del Cardenal, asegurando incluso el consejero de Economía que estaba “absolutamente seguro” de que no habría ninguna referencia a la polémica. Se equivocaba.

Cañizares dedicó su homilía a desagraviar a la Virgen María, pero no a modo de condena, sino como un homenaje reparador a la Madre de Dios. En ningún momento se refirió a las autoridades políticas que financiaron el catálogo fotográfico. Sí se refirió (sin mencionarlos) al autor y a los participantes de la obra como aquellos “que no saben lo que hacen”, afirmando que habían podido “difamar y maltratar” a la Virgen con imágenes “horrendas y blasfemas”. A continuación aclaró que “un acto tan rechazable y rechazado” no representaba al pueblo extremeño, “amante como pocos de la Virgen”. En medio de los atronadores aplausos de los fieles concentrados, clamó así: “¡Qué no nos toque nadie a la Madre de Dios, nuestra Madre! ¡Nos pueden injuriar a nosotros, pero jamás, jamás, a la Virgen y a su Hijo Jesucristo, nuestro Señor! Son lo más santo”. Culminó sus palabras diciendo que cuando esto sucede “se degrada al propio hombre y se rompe la convivencia”.

Pero el Cardenal, aparte de sus bellas palabras, dio ejemplo práctico de lo que significan el Amor y el Perdón para los cristianos. En plena ceremonia, en el momento del saludo de la paz, no dudó en bajar del altar y estrechar la mano al presidente Ibarra. A pesar de todo, los de siempre dirán que Cañizares se ha vuelto a entrometer en el discurrir de la vida política, de forma partidista. Son incapaces de entender a una persona indomable en el compromiso con el Dios del Amor.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

Más en La hora de la verdad

Mobile Version Powered by