A lo largo de los dos últimos milenios, una pregunta ha sido principal quebradero de cabeza para un numero infinito de personas: ¿Existió realmente Jesús de Nazaret? A cada ser le ha movido una particular intención en la búsqueda de una respuesta. Unos han buscado reafirmar así su fe y otros destruir el Cristianismo. Muchos otros simplemente buscan saber la verdad sin partir de un presupuesto previamente establecido. Es una cuestión fundamental, ya que si Cristo no existió, todo lo que millones de personas han seguido a lo largo de la Historia no tiene sentido. Tampoco hay duda de que éste es el punto central del debate. Alrededor de esta pregunta giran muchas otras. Entre los que sí creen que existió, muchos se plantean: ¿Su mensaje original es el que nos ha llegado hasta la actualidad? ¿Fue un profeta o el Mesías, el Hijo de Dios? Es más, ¿y si existió… pero no resucitó? Entonces, como dijo San Pablo, “comamos y bebamos porque vana es nuestra fe”. Pero vayamos al principio, al origen de todo: ¿Existió Jesús de Nazaret?
Para mi, Jesús sí existió. Para ello me baso en hechos, no en opiniones. En primer lugar, lo atestiguan numerosísimas fuentes. La primera referencia para un cristiano católico (como es mi caso) son los evangelios canónicos (y también otros no reconocidos oficiales, como los apócrifos, que aunque den una visión muy particular, coinciden con los canónicos en que hablan de la misma persona). Además de las propiamente cristianas, numerosas fuentes romanas y judías recogen que hubo un tal Jesús de Nazaret que proclamaba nuevos dogmas y por ello fue crucificado. Ahí están, entre otros, Flavio Josefo, Plinio el Joven y hasta el filósofo estoico Mara bar Sarapion, en el año 73. Todos, a rasgos generales, vienen a decir lo mismo de Él.
Por no hablar de la tradición. Fueron muchos los testigos de la época que hablaron de Jesús. Todos mencionan a las mismas personas que las fuentes escritas. Personajes como Juan el Bautista, la Virgen María, San Pedro, San Juan, María Magdalena, Judas, Lázaro, Marta, etc, se repiten como una constante. Y mantienen su personalidad en todos los espacios. Observando los propios evangelios, cualquiera que los lea con atención, podrá comprobar como San Pedro siempre aparece como alguien impetuoso, pasional, algo «bruto». San Juan es el más cercano a Jesús y por algo se le conoce como “el discípulo amado». Las mujeres, como María Magdalena, son las que siempre están con Él, con una fe ciega, que les llevó hasta el pie de la Cruz. Fueron las únicas que realmente comprendieron el mensaje de Jesús. Eran las únicas que sinceramente esperaban su resurrección… mientras los discípulos planeaban cómo escapar de Jerusalén. Se podrá decir lo que se quiera, pero son demasiadas las voces que hablan de unos mismos personajes, con una misma personalidad y haciendo las mismas cosas. Muchos argumentan que hay detalles contradictorios en el Evangelio. No sé si María Magdalena tocó o no los pies de Cristo resucitado, pero en todos los evangelios ella aparece como la primera en verle resucitado. Y eso es lo importante.
No quería concluir mi argumentación sin referirme a una prueba física, material: la Sábana Santa. ¿Por qué no hay ningún estudio serio que haya demostrado la falsedad de la Sábana Santa? La única prueba que estimó que era una falsificación fue la del Carbono 14 (realizada en 1988). Los propios científicos que la hicieron reconocieron después que sus muestras estaban contaminadas. Además, por el carácter del propio sistema de datación empleado, su margen de error es muy amplio, siendo muy difícil que muestre una fecha exacta con sólo 2000 años de antigüedad. El C-14 se utiliza para datar fósiles prehistóricos. Hoy, gran parte de la comunidad científica no concede validez a ese análisis. Por el contrario, casi todos coinciden en decir que fue la sábana que cubrió el cuerpo de un judío crucificado hace dos milenios en Jerusalén. En ella aparecen las marcas de una corona de espinas que le cubría la cabeza y una herida en el costado. También aparecen los restos de pólenes de todos los sitios por los que la tradición afirma que ha pasado la Sábana Santa. Eso sí, ningún científico dirá: “Es Jesús de Nazaret”. Eso ya entra dentro del sentido común de cada uno. Los datos están ahí y cada cual puede entenderlos como quiera.
En definitiva, sobre la existencia o no de Jesús las investigaciones han sido infinitas. Todos buscan su pista. Por ello, encuentro que la principal prueba de que Jesús existió radica en el hecho de que 2000 años después seamos tantos los que nos preguntemos por Él. Además, si nadie ha podido demostrar seriamente su inexistencia es, simplemente, porque es un hecho que sobre Jesús hay muchos más datos que de otros personajes históricos de los que nadie cuestiona su existencia, como Platón o Aristóteles.
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