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La manipulación de ciertos medios en sus «informaciones» sobre la Iglesia

Miguel Ángel Malavia 23 Abr 2007 - 23:49 CET
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Como estudiante de periodismo, en la facultad hablamos muchas veces de la influencia de los medios de comunicación en la sociedad y su capacidad de generar opinión. Pero yo aún iría más lejos y destacaría una fuerza aún mayor, la de establecer lo que es realidad y lo que no. Evidentemente, lo que aparece en los medios es lo que todos asociamos con lo que verdaderamente sucede, con lo que existe y configura nuestro mundo. ¿Pero qué pasa cuando los medios de comunicación se desvían de su función y caen en la manipulación más brutal? Es lo que acontece con el tratamiento que ciertos medios dispensan a todo lo relacionado con la Iglesia Católica, siendo los ejemplos innumerables.

El último y más significativo caso fue el relativo al cierre de la parroquia vallecana de San Carlos Borromeo. A los pocos días del hecho, me llegaron diversas personas diciendo que la habían cerrado “porque aprovechaban las rosquillas que una ancianita les ofrecía a los bondadosos curas” o “porque atendían a los drogadictos”. ¡Qué pena! Eso es consecuencia de que la inmensa mayoría de las personas sólo se informan por un medio y lo que éste les dice “va a misa”, nunca mejor dicho. Si estas personas se hubieran informado de la realidad completa, sabrían que los sacerdotes de esa parroquia no consideran a Cristo como a Dios (atribuyéndole una naturaleza estrictamente humana), no conceden ningún valor a la liturgia, no siguen la autoridad del Papa, no respetan muchos sacramentos (como la comunión o la confesión) o celebran misas “mixtas” (no encuentros ecuménicos) judeo-islámico-cristianas, por citar sólo algunos aspectos. Se podrá decir lo que se quiera, pero unos sacerdotes católicos que no compartan las esencias principales del catolicismo no deben administar una parroquia católica. Es como si yo digo que soy comunista y soy partidiario de la propiedad privada y la economía de mercado. A lo mejor no soy tan comunista como creo. En el caso de estos sacerdotes, la verdad, la única verdad, es que son seguidores de la Teología de la Liberación, a día de hoy totalmente rechazada en el seno de la Iglesia. Ésta y no otra es la razón por la cual tal tendencia teológica es, a su vez, defendida furibundamente por los medios más críticos con el catolicismo.

Estos mismos medios son los que en el mismo día de la elección papal de Benedicto XVI ya le tacharon de “nazi”, “inquisidor” o “ultraconservador”. Y eso cala en la sociedad. A las dos horas de la fumata blanca todo el mundo tenía ya la idea clara de cómo era el nuevo Papa, o cómo le decían que era… Y todo eso teniendo en cuenta que el 19 de abril de 2005 muy pocas personas sabían quién era realmente Joseph Ratzinger. Me acuerdo perfectamente de que esa tarde muchas personas estaban tremendamente desilusionadas ante un Papa “tan conservador”. Hoy, dos años después, la actitud del Santo Padre se ha mostrado muy alejada de esa falsa imagen atribuida, ganándose el cariño de todo el pueblo católico.

Y estos mismos medios, por concluir con otro ejemplo reciente, son los que defendieron que las pinturas blasfemas financiadas en parte por la Junta de Extremadura no podían ser rechazadas, pues como “obra de arte”, se encuadraban dentro de la libertad artística y de expresión. Su hipocresía les llevó a caer en la incoherencia más absoluta, ya que esos mismos días se retiraron dos campañas publicitarias sin que ninguno de ellos dijera nada. Y eso que su contenido no era tan explícito como el de las extremeñas. La de Dolce y Gabanna se criticó porque representaba a una mujer sujetada por los brazos por un hombre, mientras otros miraban a su alrededor, argumentándose que eso representaba el abuso a la mujer. Y la de Armani se retiró por representar a dos niñas asiáticas con minifalda y labios pintados. Se dijo que incitaba a la prostitución infantil. Gran hipocresía, ya que en ese mismo catálogo aparecían niñas europeas de igual modo y nadie lo asoció a nada turbio. ¿Por qué? ¿Por ser blancas? Pero lo que más me interesa es que en ambos casos ningún medio de los que hago aquí me refiero vio en ello un ataque a la libertad artística o de expresión, como sí hicieron en el caso de unas fotografías que buscaban ofender gratuitamente a millones de católicos.

Son sólo tres ejemplos (otro día daré otros igual de representativos) de manipulación, incoherencia y mal periodismo. No se puede definir de otra forma al periodismo de ciertos medios que sólo busca reflejar una parte de la realidad o, simplemente, la mentira.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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