Un día después, es cuando realmente se pueden comentar con sosiego y tranquilidad los resultados de las elecciones municipales y autonómicas. Así, se pueden extraer varias conclusiones interesantes. La primera de ellas es que en ningún caso se puede hablar de “elecciones primarias” o de “primer asalto” de cara a las próximas elecciones generales. Por mucho que ciertos analistas políticos se empeñen, el que vota en un municipio o en una comunidad vota al candidato que más le gusta. Por las razones que sean. Principalmente, porque tal candidato sea miembro del partido con el que se sienta identificado el elector. Pero de ahí a creer que el que vota en Albacete o en Sevilla, por citar dos ejemplos, piensa más en Rajoy o en Zapatero que en su futuro alcalde, va un abismo. Los parámetros de la política municipal y la nacional son muy diferentes.
Sí es cierto, en cambio, que la política autonómica está más relacionada con la nacional. El que el PP haya arrasado en Valencia, se debe, en parte, a que el Gobierno ha optado por una política del agua muy alejada de los intereses de los valencianos. La derogación del Plan Hidrológico Nacional sin ofrecer ninguna alternativa real a cambio fue un error del Gobierno, al que ahora se le ha pasado factura. Y con Madrid ha pasado algo parecido. Los madrileños saben que el Gobierno no ha invertido en la región lo que sí ha invertido en otras donde gobiernan presidentes socialistas. Además, las elecciones como candidatos de Sebastián y Simancas han demostrado ser un desastre, debiéndose recordar que ambos fueron apuestas de Zapatero.
Sin embargo, repito, el que vota a un presidente de comunidad lo hace teniendo en cuenta, principalmente, elementos más directos. Así, si el PP ha arrasado en Valencia y en Madrid se debe, ante todo, a que ambas áreas son dos motores fundamentales de la economía española. Son dos regiones en auge, dinámicas y emprendedoras. Y eso lo ve el elector. De la misma forma, se entiende la baja participación registrada en Cataluña. La sociedad catalana no muestra el entusiasmo ni la pasión que debería mostrar una comunidad que ha aprobado un estatuto de autonomía (según sus políticos, “tan importante”). Yo más bien me inclino a pensar que este estatuto no era tan deseado como nos querían hacer creer ciertas personas. Desde luego no veo por ningún lado el clamor que sí se despertó tras la aprobación, en plena Transición, de su anterior estatuto. En cambio, lo que sí se aprecia es una cierta desilusión de la sociedad catalana con su clase política.
Otro aspecto a comentar es que la ETA política ha vuelto a las instituciones. ANV (como antes HB, EH o Batasuna), es el reflejo de que la democracia no existe por igual en todos los rincones de España. Las imágenes de los cachorros batasunos insultando y boicoteando el voto de los demócratas no dejan lugar a las dudas. ANV, como parte implícita o explícita de ETA, no puede condenar verdaderamente la violencia. Principalmente, porque es violencia en sí misma.
Y termino con Navarra. Después de 11 años de gobierno de UPN, ahora, a pesar de ganar las elecciones, puede ceder el poder ante Nafarroa Bai, el órgano vasquista de Navarra. La pelota está en manos del PSOE. Es la hora de hablar claro. ¿Zapatero prefiere pactar con el PP, un partido constitucionalista, o con quién está a favor de que Navarra pase a ser territorio vasco? Se podrá adornar de la forma que se quiera, pero la cruda realidad es ésta.
Home