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Hoy es el día de la unidad

Miguel Ángel Malavia 06 Jun 2007 - 16:11 CET
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Hoy es el día de la unidad. Hoy, cualquiera de nosotros, al cruzar la calle o coger el autobús, puede morir en un atentado. Y mañana, lo mismo. Y pasado mañana, exactamente igual. Como siempre, desgraciadamente, desde hace cuarenta años. Los españoles tenemos un cáncer en nuestras entrañas llamado ETA. Unas veces nos mata, otras nos amenaza y, últimamente, nos divide. No lo permitamos. Nosotros tenemos algo común: somos los buenos, rotundamente. Y ellos, los malos. Ellos son escoria con alma corrupta y enfermiza. Ellos matan, y sus acólitos los aplauden. O no los rechazan radicalmente. Nosotros, seamos de izquierdas, de derechas o del lado que sea siempre y cuando estemos dentro de la democracia y el respeto a la vida, somos los que debemos decir, alto y claro: ¡Basta ya! ¡Vamos a por vosotros! ¡Somos más y mejores! ¡Venceremos!

Hoy no es día de reproches. Yo, desde aquí, he criticado con dureza al Gobierno por su política antiterrorista. He denunciado con claridad los paripés judiciales de Otegi, la integración de la ETA política en las instituciones, la atrocidad de ver a De Juana Chaos chantajeando a todo un país o el engaño de quién negociaba cuando decía que no lo hacía. Sin embargo, todo eso ya se ha acabado. Mejor dicho, se acabó el 30 de diciembre en Barajas, aunque se haya mantenido ocultamente hasta hoy. El mal llamado “proceso de paz” ya no existe: fue una ilusión, un sueño o una pesadilla. Ahora, estamos ante una nueva etapa. Y yo estoy al lado del Gobierno de mi país y de mi presidente.

Señor Zapatero, ha tenido usted su oportunidad. Aunque a mi no me gustara en absoluto el cambio en la política antiterrorista, estaba legitimado para intentarlo (otra cosa es que ocultara que lo hacía). Usted creyó que realmente había llegado la hora en que ETA se había dado cuenta de que ya no tenía sentido su propia existencia. Y al igual que Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar, optó por el diálogo. Espero que ahora haya llegado a la misma conclusión a la que otros ya habían llegado mucho antes: que es totalmente imposible dialogar nada con fanáticos corroídos por el más absoluto odio.

Ahora ya sabe (o ya lo sabía, pero no quería verlo) que ETA, mientras decía estar en tregua, se dedicaba a robar armas en Francia, a chantajear a los empresarios, a estructurar comandos de muerte, a seguir a jueces y políticos, a boicotear la calle con sus cachorros borrokas… y a matar a dos personas inocentes. Esto no debe sorprendernos. Ya en tiempos de Suárez, cuando se legalizó la ikurriña, se avanzó hacia la autonomía vasca y se concedió amnistía a sus presos, los bárbaros respondieron con constantes secuestros y asesinatos. Es lo que tienen las alimañas: que cada vez quieren más y más.

La solución, para mi, sólo es una. Volvamos a los tiempos en que PP y PSOE iban de la mano en el País Vasco, porque se sabían defensores de dos principios básicos y comunes: la Constitución y España. En el 2000 la inmensa mayoría de la sociedad veía con buenos ojos esta alianza, pues sabían que eso era lo que más daño podía hacerle a ETA. Aquella era una ETA sin representación política, a la que se golpeaba con fuerza judicial y policialmente. Era una ETA agonizante, que estuvo un año sin matar (el último de Aznar, aunque muchos ya no lo recuerden), sencillamente, porque no podía. Ahora está más fuerte y nosotros más débiles… porque estamos divididos.

Es mucho lo que nos jugamos. Y estoy firmemente convencido de que sólo podemos vencer si estamos unidos todos los españoles, si volvemos a gritar aquello tan hermoso de “España unida jamás será vencida”. Lo conseguimos en la Transición. Y lo vamos a conseguir ahora.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA MARTÍNEZ

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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