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Diez años sin Miguel Ángel

Miguel Ángel Malavia 11 Jul 2007 - 09:07 CET
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Se cumplen ahora diez años de tu marcha. Recuerdo perfectamente aquel viernes caluroso en el que me quedé bloqueado al encender la televisión. Tenía entonces 14 años y mi mente no acertaba a comprender el porqué de aquella brutalidad. Aún hoy sigo sin entender nada. ¿Por qué? ¿Por qué a ti? ¿Cómo es posible que haya alimañas sin alma capaces de tal atrocidad?

Recuerdo una España con el corazón en un puño durante todo un fin de semana. Nadie se lo podía creer. La ETA asesina tenía que tener clemencia por una vez. Millones de personas se echaban a la calle en un clamor por la vida. No podía ser. Tenían que darse cuenta de que habían llegado demasiado lejos. No podían ser tan hijos de puta…

Pero lo fueron. Cuando a las cuatro de la tarde, todos los españoles, en su casa, en la playa o en el coche, pararon su respiración, los asesinos ya apuntaban a tu inocente cabeza. Me acuerdo como si fuera ahora. Estaba con mi familia escuchando la radio. Tras las señales horarias que anunciaban las cuatro en punto, momento en el que se cumplía el macabro plazo, siguió un minuto de silencio en las emisoras en señal de apoyo hacia ti. Fue increíblemente largo, eterno. Todos pensábamos en ti. Unos rezábamos, otros pensaban en la esperanza, otros lloraban de nerviosismo… Pero en ese momento tu suerte ya estaba decidida.

Un animal, una bestia, un mal nacido… apretó al gatillo contra tu joven y pura nuca. Estabas atado. No podías defenderte. Estabas aterrado. No querías morir. No podías morir. Y sin embargo, el luchador “por la patria y la libertad” te mató como a un perro.

Toda España, como nunca antes (ni nunca después), clamó de rabia, indignación y tristeza. Todos gritábamos: ¡Miguel Ángel, Miguel Ángel…! Durante un tiempo tu nombre nos unió. Tu espíritu, el “espíritu de Érmua”, nos hizo fuertes. Hasta en tu tierra los oprimidos se armaron de valor para decirles a los amigos del hombre del gatillo, del “gudari” vasco, que ya estaba bien, que ya no soportarían más su totalitarismo. El lema defendido por todos era “España unida jamás será vencida”. Nos sentíamos fuertes. Te habían robado la vida, pero no sería en vano. Era el principio del fin de la ETA asesina, bastarda y fascista. Al menos, eso creíamos.

Hoy estoy triste. Porque ya no estás. Y porque tu espíritu, un soplo de libertad, unidad y esperanza, también se fue…

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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