Observo con agrado la iniciativa de Mariano Rajoy en el sentido de que si alcanzara la presidencia del Gobierno de la Nación promovería una reforma en profundidad de la Ley Electoral. Considero que esta medida es absolutamente necesaria para que nuestra democracia ostente de forma real la verdadera representatividad de la soberanía nacional, baluarte de nuestra Constitución.
Ya está bien de farsas y estafas. La representación de los ciudadanos no es asunto de los juegos y cábalas matemáticas. Y con esto hablo, por citar sólo algunos recientes casos, de Navarra y Mallorca, pero también de Canarias y, en las autonómicas del pasado año, Cataluña. Si la gran mayoría de las personas que acuden a las urnas en unas elecciones municipales, autonómicas o nacionales opta por un partido, no hay duda de que ese partido es el que aúna más consensos a la hora de gobernar.
Estoy de acuerdo con los pactos en los casos en que las diferencias entre partidos no son tan grandes, pero jamás cuando son abismales. Especialmente sangrante ha sido el caso de Baleares. Como lo fueron Galicia y Madrid en su día. No es normal que un partido roce el 50% de los votos, se quede a un escaño de la mayoría absoluta… y que todos sus oponentes se unan y digan que han ganado las elecciones. Es simplemente falso, una burda mentira. Ya hacía tiempo que veníamos siendo objetos de los bipartitos y tripartitos de turno, pero lo del sixpartito en Baleares cae ya en la total indecencia política. ¡¿Cómo van a gobernar seis partidos una misma autonomía?! ¡¿Pueden desarrollar un mínimo programa común?! Si en su seno hay políticos de izquierdas, de derechas, nacionalistas, catalanistas… ¿Alguien piensa en el interés de los ciudadanos de Baleares?
Nuestro sistema es el de el chantaje (como sucedió hace cuatro años en Cantabria, donde obtuvo la presidencia el Partido Regionalista Cántabro… la tercera fuerza más votada, aupada al poder por el PSOE, el segundo partido en apoyo popular) o la ingobernabilidad (como sucede ahora en Navarra, donde se hace todo con tal de que no gobierne UPN, el partido más votado con diferencia).
Y mientras, como ya acontece de forma especialmente llamativa en Cataluña, el ciudadano opta por quedarse en casa, preguntándose: “Total, ¿para que voy a votar, si mi voto no va a valer de nada?”. Me da igual quién lo desarrolle (el nuevo partido encabezado por Savater parece que también va a promover algo parecido), pero cualquier partido que impulse de verdad el fin del chantaje de los partidos minoritarios y la revitalización de una democracia más real, contará con mi apoyo más rotundo.
Home