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Modelo de Amor, Esperanza y Fe: Madre Teresa de Calcuta

Miguel Ángel Malavia 05 Sep 2007 - 20:09 CET
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Hoy se cumplen diez años desde que una mujer santa dejara este mundo terrenal y obtuviera el premio celestial. Y de esto no creo que nadie dude. Simplemente la contemplación de su imagen frágil, tremendamente envejecida y con un sonrisa en la boca mientras auxiliaba a los más desfavorecidos, es fiel reflejo de una verdad incuestionable: Teresa de Calcuta disfruta ahora mismo contemplando a Dios.

Aún hoy, una década después, Madre Teresa sigue siendo, en nuestro mundo en ocasiones tan desnaturalizado, el icono de la esperanza, la entrega y el amor sin límites. Y de la fe. Por mucho que algunos se empeñen en desvirtuar su condición modélica y referencial con la sombra de sus hipotéticas dudas espirituales. Es más, si dudaba en alguna ocasión de la existencia de Dios era ni más ni menos que por su condición de ser humano. Auténtico y absolutamente humano.

No conozco a ninguna persona que jamás flaquee en su fe, que siempre mantenga incólume su vigor espiritual. Yo al menos, lo reconozco, no soy un ejemplo en este sentido. Más quisiera yo que acercarme mínimamente a la suela de los zapatos de Teresa de Calcuta y los miles de misioneros que entregan su vida por el amor a sus hermanos. Para mí, al menos, no existe la más insignificante duda de que todos ellos tienen asegurado un premio infinito y colosal, el de la grandeza de la vida eterna.

Los humanos que habitamos este mecánico planeta en el año 2007 necesitamos gente así. Personas que antepongan el Amor a Dios y a todos los hombres a la vivencia de su propia vida. ¡Pero qué fácil es decirlo, como en mi caso, sentado plácidamente en una silla delante de un ordenador…! No, yo jamás seré como Madre Teresa. Y tal vez no lo sea nunca nadie a quien conozca. Por desgracia, no abundan los superhéroes. ‘Superman’ ya no vuela y ‘Spiderman’ ya no trepa por las paredes. Ya no hay nadie que salve el mundo de un solo golpe. Eso sí, hay unos pocos elegidos que en vez de increíbles superpoderes utilizan un único poder, el más grande: el Amor de Dios. Y lo aplican con humildad y sencillez en los enfermos, en los pobres, en los humillados… en los grandes amados por Cristo. Santa Teresa de Calcuta fue una de las elegidas. ¿Alguien lo duda?

Miguel Ángel Malavia Martínez

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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