Me sorprende que en plena oleada antimonárquica muchos analistas culpen de la situación a la “cadena de los obispos”. El esquema de estos lúcidos comentaristas es el siguiente: Federico Jiménez Losantos pide la abdicación de Juan Carlos I en el Príncipe de Asturias, éste lo hace cada día a través de los micrófonos de la Cope y por tanto la culpa es de los obispos, “que se lo permiten”. Anda, pues yo creía que era bueno que cada periodista tuviera libertad para decir lo que piensa aunque sea contraviniendo la línea editorial de su propio medio… ¿Será que es mejor que todos a una, como Fuenteovejuna, mantengan inquebrantable los presupuestos de los jefes que les pagan?
Porque de lo que no hay duda es de que la Conferencia Episcopal Española apoya con rotundidad a la Corona. En los pasados días se vio a Ricardo Blázquez, presidente de la CEE, visitar al Rey y recalcar el reconocimiento hacia la tarea desarrollada por la Monarquía en todos estos años. También hemos visto en diversas ocasiones al Primado de España, Antonio Cañizares, pedir la oración de todos los fieles por el Rey. ¿Puede ser más clara la postura de los obispos? Aún así muchos les acusan de hipócritas por decir una cosa y “permitir” la contraria. Y yo me pregunto, ¿ permitir es no censurar la opinión expresada en libertad?, ¿permitir es no despedir a Federico Jiménez Losantos por decir lo que dice?.
Yo soy el primero que creo que el presentador de “La mañana” se equivoca. Si él mismo se declara monárquico y amante de España, sabrá que en el contexto en el que nos encontramos ahora sería muy perjudicial establecer un debate sobre la sucesión en la jefatura del Estado. Pienso que equivaldría a abrir la caja de Pandora; los truenos se desatarían y el debate se extendería a la existencia de la propia Constitución, el establecimiento de una hipotética República o la pervivencia de la propia unidad nacional tal como la conocemos ahora. Esto hace unos años hubiera sido inimaginable, pero hemos demostrado ser un país aún en camino de la verdadera madurez democrática. Es una pena, pero nuestra esencia cainita aún pervive y no han desaparecido del todo (o los han vuelto a encender) los rescoldos de la guerra fraticida y la dictadura militar que la siguió. Por este motivo, aunque lo respeto, considero que Jiménez Losantos está cometiendo un grave error al promover un debate de tal envergadura en un momento tan crítico.
Por todo ello, quiero reivindicar aquí los aires de libertad de expresión que imperan en la Cope. El hecho de que algunos de sus propios compañeros periodistas sean los que se escandalicen ante la discordancia entre las ideas de un profesional y el medio que le paga, es preocupante. ¿No será que ellos mismos se han domesticado a los intereses de la empresa que les mantiene y han perdido su independencia? ¿No habrá acaecido que han vendido su alma libre al perro del interés que les ha puesto un collar de lujo?
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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