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¿Por qué células madre embrionarias?

Miguel Ángel Malavia 06 Nov 2007 - 15:55 CET
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Lo primero que hay que hacer para hablar de las células madre es definir su significado. Así, por célula madre se entiende la célula progenitora, auto renovable y que tiene la capacidad de dar lugar a diferentes tipos de células especializadas. De ahí que también se las conozca como células troncales.

Hecha esta apreciación, hay que establecer la existencia de dos tipos de células madre: las de adulto y las embrionarias. Las células madre de adulto se encuentran en diversos tejidos del organismo humano y son grupos subcelulares encargados de regenerar los tejidos desgastados, reemplazando a las células que van muriendo por dicho desgaste. Respecto a las células troncales embrionarias (que son las que derivan de la masa celular interna del embrión entre los 7 y 14 primeros días de su ciclo vital), éstas tienen un carácter pluripotencial. Esto indica que por su propia constitución no son especializadas (no están asociadas a la médula ósea o al hígado, por ejemplo) y que por tanto son capaces de originar las células de cualquier órgano concreto. En definitiva, mientras que las células adultas serían propias de un respectivo órgano, las embrionarias tienen un componente abierto y general, pudiendo ser aplicadas a los diversos órganos.

Sin embargo, aun siendo esto así, el problema de fondo es el argumento empleado por ciertos colectivos según el cual las células adultas son exclusiva y puramente especializadas, siendo las propias de un particular tejido, como la médula ósea, la retina o la base de la piel. Así, según esta visión, una célula adulta de la medula ósea sólo podría ser empleada en la regeneración de los tejidos muertos de la propia médula ósea. Sin embargo, se ha demostrado en numerosos casos que las células adultas provenientes de un tejido sí pueden diferenciarse y emplearse en otros tejidos distintos del originario. Es más, una célula adulta, para que sea útil como troncal, debería de tener la capacidad de dar lugar a células completamente diferenciadas. Éstas, en su madurez, deberían llegar a integrarse en el propio tejido y adquirir su función inherente y especializada. Así, una célula de una médula ósea, podría emplearse en la regeneración de otros tejidos desgastados en un mismo organismo. De este modo, no habría una diferencia sustancial entre las células adultas y las embrionarias, ya que ambas podrían dar lugar a células pluripotenciales, aplicables para la regeneración de cualquier órgano.

Además, existen argumentos que demuestran la idoneidad de las células adultas respecto a las embrionarias. Es un hecho que las adultas, por ser las propias del mismo organismo (una célula adulta sólo puede emplearse en el cuerpo de la misma persona), no causan ningún rechazo en el paciente. Sin embargo, las embrionarias, por mantener un carácter diferente (al fin y al cabo son células nuevas en tejidos desgastados, lo que puede desembocar en una alteración), pueden ser rechazadas por el órgano en cuestión; e incluso pueden acabar produciendo teratomas (cánceres). Un último argumento es el de los logros. Hasta ahora se han conseguido varios hitos sanitarios en el trabajo con las células adultas. Sin embargo, aún no se conoce ni un solo caso en que una enfermedad se haya curado a través del empleo de células embrionarias. Son muchos los especialistas que reconocen que aún quedarían varias décadas para que se pudieran alcanzar éxitos sanitarios mediante el empleo de embriones.

¿Por qué entonces es España uno de los referentes en el estudio de las células embrionarias, cuando la rama investigadora de las adultas se ha mostrado más eficaz, segura y no implica ningún componente ético (no conviene olvidar que para el empleo de los embriones éstos han de ser eliminados)? ¿No será tal vez porque son muchas las empresas e investigadores (como el actual ministro Bernat Soria) que han apostado por la vía embrionaria y ahora se podrían quedar sin negocio?

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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