Veo con asombro estos días todos los actos conmemorativos que en Rusia se están desarrollando con motivo del 90º aniversario de la Revolución de Octubre y la consiguiente implantación del comunismo soviético. Pero lo más preocupante es que, según una encuesta, el 30% de los rusos apoyaría hoy un nuevo golpe bolchevique. Sinceramente, no creo que sea tan alto el porcentaje que añore los tiempos de Lenin, Stalin y compañía, pero ya es significativo que haya quien desee la vuelta de aquellos tiempos en blanco y negro. Y por si fuera poco, aquí en España algunos también se suman al homenaje. Ya he visto varios carteles por todo Getafe en los que se publicita un acto homenaje y de “celebración” de la Revolución de Octubre.
¿Pero qué hay que celebrar? ¿La existencia de un régimen totalitario que acabó con la vida de millones de personas inocentes? ¿Alguien se atrevería hoy a homenajear públicamente a Hitler y su lúgubre modelo nazi? Entonces, ¿por qué alabar a criminales sanguinarios como Lenin o Stalin? Ambos fueron dos monstruos aberrantes. Y quien los defienda es un enfermo. Así de claro.
¿Por qué son tantos los que condenan el fascismo a la ven que ve en el comunismo un dechado de virtudes? Ambos, fascismo y comunismo, han sido las dos ideologías más antihumanas de la Historia. Precisamente porque ambos son proyectos totalitarios. Esto es, la subordinación total del individuo al estado omnipotente. El estado que controla y decide todo, incluso quienes de sus miembros merecen ser encarcelados o asesinados por diferir en algún aspecto de la línea oficial. ¿Quién puede celebrar tal degeneración, tal monstruosidad?
Da pena comprobar la insuficiencia intelectual de aquellos que condenan a Franco, Videla, Pinochet, Mussolini o Hitler y tienen como modelos referenciales a Fidel Castro, Pol Pot, Milosevic, Lenin o Stalin. No soporto que cuando alguien censura un acto autoritario diga que es “fascista”, porque sí. ¿Y por qué no comunista? ¿Por qué decir que ETA es fascista cuando en realidad es marxista? ¿Por qué adulterar la realidad? ¿No será que en el fondo, aun conocedores de los crímenes cometidos por el comunismo, muchos ven en él un modelo bueno? Me hacen gracia los que argumentan que el comunismo soviético supuso un gobierno para el pueblo. ¿Por quién lo dicen? ¿Por los millones de campesinos rusos masacrados por Stalin? ¿Por los obreros que en la ‘Dictadura del Proletariado’ no tenían el más mínimo poder de decisión?
Seamos serios y llamemos las cosas por su nombre. Al que es fascista, llamémosle fascista. Y al que es comunista no le llamemos fascista, sino comunista. Y si no, el término que mejor los define: totalitarios. Los dos. Y de “celebrar” la creación de un régimen asesino, nada de nada. Por lo menos el que diga defender la democracia y la libertad.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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