Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Gianna Beretta Molla, modelo de amor total

Miguel Ángel Malavia 09 Nov 2007 - 08:58 CET
Archivado en:

Hoy no voy a hablar de una mujer aparentemente excepcional. Ni era reina, ni escritora, ni científica. Sin embargo, Gianna Beretta Molla, la protagonista de esta historia, que se definía así misma como una mujer normal, nos dejó uno de los testimonios de amor y fe más impactantes de nuestra época contemporánea.

Gianna nació en 1922 en el seno de una familia de fuertes convicciones cristianas. Una familia, por cierto, bastante amplia, pues se componía de diez hermanos. Aún así, sus padres siempre pusieron mucho interés por que todos y cada uno de sus hijos sintieran un profundo amor a Cristo y un deseo verdadero de ayudar a los más desfavorecidos. De ahí que Gianna no tardara mucho en obtener la carrera de medicina. Sin embargo, ella veía su profesión de médico como una misión, en sentido estricto, centrando toda su actividad en la atención a niños, madres, ancianos y pobres. Además, también dedicaba su tiempo libre a acudir a las casas de los más necesitados y ayudarles en lo que más falta les hiciera.

En 1954, cuestionándose sobre su vocación, decidió peregrinar a Lourdes para que la Virgen iluminara su camino. Cuando volvió del viaje, conoció a Pietro y supo que su vocación era el matrimonio… junto a él. A los pocos meses ya se casaron y en seguida llegaron los hijos que colmaron la vida de ambos enamorados. En solo cuatro años tuvieron tres retoños que hacían las delicias de todos cuanto les rodeaban.

Sin embargo, los problemas llegaron con el cuarto embarazo. A los dos meses de quedar en cinta, los médicos le dijeron que tenía un tumor en el útero. La operación debía de ser inmediata. Ella estaba muy preocupada. Pero no tanto por ella, sino por la vida de su futura hija. Así, aunque sabía que ello ponía en gran peligro su propia existencia, suplicó a los médicos que la iban a operar que sólo le extirparan el tumor y no todo el útero, que es la práctica habitual en estos casos, por proporcionar una mayor seguridad para el paciente. Todos le aconsejaron que debía abortar para salvar su propia vida, ya que si no había muchas posibilidades de que acabara muriendo. Ella dejó muy claro a los cirujanos antes de entrar al quirófano que si debían de elegir entre su vida y la de su bebé, eligieran la de éste… que sólo contaba con dos meses.

Finalmente, ambos salieron con vida de la operación. Aunque Gianna sabía que de seguir con el embarazo su vida peligraba profundamente. Aún así, desoyendo todas las recomendaciones, a los siete meses acabó dando a luz a su hija. Durante el parto, le diagnosticaron una grave peritonitis. No tenía salvación. Iba a morir casi con toda seguridad. Por ello, cogió a la recién nacida entre sus brazos y a la vez que daba gracias a Dios por la nueva vida, se sintió muy apenada porque sabía que ya no volvería a abrazarla más. Era la primera y la última vez que la veía. Al final, tras una semana de intensa agonía, Gianna murió. No sin antes besar un crucifijo y repetir en varias ocasiones: “¡Jesús, te amo!”.

Desde el primer momento, su ejemplo conmocionó a la sociedad de su época. De hecho, a su entierro acudió una gran multitud emocionada. El propio Pablo VI dijo de ella que era “una joven madre que por dar la vida a su hija, sacrificaba, con meditada inmolación, la suya propia”. En 1994 Juan Pablo II la elevó a los altares como beata. En la homilía de la beatificación, el añorado Papa dirigió estas palabras a la figura de Gianna Beretta Molla:

“Fue mensajera sencilla, pero muy significativa, del amor divino. Pocos días antes de su matrimonio, en una carta a su futuro esposo, escribió: «El amor es el sentimiento más hermoso que el Señor ha puesto en el alma de los hombres». A ejemplo de Cristo, que «habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo», esta santa madre de familia se mantuvo heroicamente fiel al compromiso asumido el día de su matrimonio. El sacrificio extremo que coronó su vida testimonia que sólo se realiza a sí mismo quien tiene la valentía de entregarse totalmente a Dios y a los hermanos. Ojalá que nuestra época redescubra, a través del ejemplo de Gianna Beretta Molla, la belleza pura, casta y fecunda del amor conyugal, vivido como respuesta a la llamada divina”.

Gianna Beretta Molla, modelo de amor total, hasta el punto de entregar la propia vida por la persona que algún día amaría.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

Más en La hora de la verdad

Mobile Version Powered by