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¿Por qué no te callas?

Miguel Ángel Malavia 11 Nov 2007 - 18:30 CET
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He pasado todo el fin de semana fuera. No he leído ningún periódico, ni visto ninguna televisión, ni escuchado ninguna radio. Por eso estoy libre de intoxicaciones. Así, cuando al llegar a casa hace unos minutos, unos amigos me han comentado el incidente entre el Rey y Chávez en la XVII Cumbre Iberoamericana, he ido directo a ver el video en internet. Y me he encontrado con una excelente noticia. Más allá incluso de la vehemente y cabal defensa del Rey respecto a Aznar y los empresarios españoles, me quedo con las coherentes palabras de Zapatero.

Yo he criticado en infinitud de ocasiones al actual presidente del Gobierno, pero hoy no me duelen prendas en reconocer su gran mérito. Que no es otro que dejar clara la obviedad de que Aznar jamás fue un fascista, sino el presidente más votado por los españoles en dos elecciones democráticas. Si hace poco echaba en cara a ciertos componentes izquierdistas el que no tuvieran el valor de equipar el comunismo con el fascismo, valoro muy mucho el que mi presidente (yo no le voté, pero es el presidente de todos los españoles y, por lo tanto, el mío) no haya caído en el error de tachar de “fascista” a quien no piensa como él.

Jamás me cansaré de decirlo. El fascista es un totalitario. El comunista es un totalitario. Y quien es elegido en unas elecciones democráticas y no impone un estado autoritario, nunca será un totalitario. Ni fascista ni comunista. En cambio Chávez es un líder populista, un caudillo extravagante, que si bien ha sido elegido democráticamente (aunque habría que tener la certeza indudable de la limpieza de tales elecciones), ahora está desarrollando acciones que encaminan a Venezuela hasta el cementerio de las dictaduras absolutistas. Chávez cierra televisiones, no Aznar. Chávez quiere modificar a su gusto la Constitución, no Aznar. Chávez reprime violentamente las manifestaciones estudiantiles, no Aznar. Zapatero hizo bien en dejar claro quién no es un totalitario. Aunque no dio el paso de denunciar a quien sí lo es.

Me alegro por la valentía del Rey, que se siente herido cuando insultan al que ha sido presidente del Gobierno de España. Y, por tanto, insultan a España. Y me congratulo por las palabras de Zapatero, que más allá de sus diferencias personales y políticas con Aznar, sabe reconocer con una lógica aplastante aquello que nadie debería poner en duda: que el presidente español entre 1996 y 2004 no fue un dictador. Al fin y al cabo, lo normal en una democracia. No me extraña que le resulte tan ajeno al intolerante radical opresor de Chávez, el admirador incondicional de un baluarte de la verdadera democracia: Fidel Castro.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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