
Las imágenes de la policía china reprimiendo brutalmente a los manifestantes en el Tibet (oficialmente hay ya diez muertos) son sólo una muestra más del férreo autoritarismo en el que se encuentra instalada China.
¿Qué se puede esperar, al fin y al cabo, de un país que está configurado en una monolítica dictadura comunista? Porque China, aunque muchos parezcan olvidarlo, es una dictadura que mantiene como principios políticos básicos la censura y la represión. Son muchos los encarcelados y los ejecutados por mantener una ideología distinta de la oficial. Un hecho llamativo en este sentido es que el país asiático jamás ha firmado la declaración de Derechos Humanos de la ONU… a pesar de formar parte, como miembro permanente, de su Consejo de Seguridad.
Y sin embargo Occidente calla. ¿Por qué? Pues sencillamente porque China es un negocio magnífico para cientos de empresas y sus países de origen. Al fin y al cabo se trata de un mercado de más de mil millones de personas que, pesar de permanecer en la ortodoxia comunista, en lo económico son ya un país abiertamente capitalista. Por lo tanto, son una fuente económica esencial en nuestro mundo actual, vaticinando muchos expertos que no está muy lejos el día en que el gigante asiático acabará siendo la primera potencia mundial.
Por ello, ¿qué más da si en China se mata, se amordaza y se encarcela a los que difieren del modo de pensamiento único? ¿Qué importa si el gobierno chino bloquea en los buscadores de la Red ciertas palabras que no son de su gusto, si hasta el propio ‘Google’, entre otros, es el que lo acepta? ¿A quién le afecta que en este país milenario no se permitan los ‘blogs’ que hagan alguna referencia política, siendo así el de mayor éxito uno que habla de gatos? Lo importante es que China equivale a dinero, dinero, dinero… el gran dios del siglo XXI. Ante ello Occidente y el mundo globalizado en torno al modelo liberal capitalista sólo dicen aquello de “sí, buana”. Y cómo no, este 2008, los Juegos Olímpicos en Pekín…
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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