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Darfur, una matanza sin luz y taquígrafos

Miguel Ángel Malavia 24 Abr 2008 - 13:02 CET
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Cada vez hay menos dudas de que el conflicto de Darfur es una de las mayores catástrofes humanas de principios del siglo XXI. La propia ONU, a través de su delegado principal en asuntos humanitarios, John Holmes, anunció este martes que el número de víctimas de esta cruenta guerra civil ascendía a 300.000 muertos, entre los fallecidos directamente en combate y los que indirectamente lo hicieron por hambre y enfermedad. Al mismo nivel de tragedia están los aproximadamente más de dos millones de desplazados a otros países, según datos de la ONU.

Sin embargo, la opinión pública mundial desconoce cuáles son las causas, las consecuencias y los protagonistas de una guerra que después de cinco años ya ha adquirido tintes de genocidio. Mientras que la mayor parte de los medios de comunicación cuentan el día a día de Irak, Afganistán o Palestina, son una minoría de usuarios de esos medios los que localizan Darfur en la franja occidental de Sudán. Aún así, no cabe duda de que el conflicto de Darfur concentra en sí mismo los ingredientes de una tragedia de tal magnitud que algún día deberá ser reflejada en los libros de Historia. El choque concentra tintes raciales, étnicos y económicos. Baste decir que el enfrentamiento se da principalmente entre el norte, con mayoría de población árabe musulmana y el sur, poblado por negros, en su mayoría cristianos, pero también con un alto porcentaje de animistas. A pesar de que en 1978 se encontró petróleo al sur del país, los beneficios económicos se concentraron exclusivamente en el norte árabe, sede del gobierno.

En febrero de 2003, ante la situación de extrema pobreza del sur negro-cristiano, los grupos denominados ‘Movimiento de Liberación de Sudán’ (MLS) y el ‘Movimiento de la Justicia y la Igualdad’ (MJI) se alzaron en armas en Al Fasher (capital de Darfur norte) contra el gobierno central, concentrado en Jartum. La respuesta del ejecutivo sudanés, además de enviar al ejército nacional, fue garantizarse el control de una serie de milicias nómadas del desierto, en su mayoría conformadas por árabes y musulmanes y conocidas como ‘yanyauid’. Esas milicias son las que en estos cinco años han protagonizado un genocidio entre la población negra y cristiana del sur, con el balance ya conocido de 300.000 muertos y más de 2 millones de refugiados.

El gobierno sudanés, representante del norte árabe y musulmán, siempre ha negado que la acción de sus fuerzas armadas y las milicias ‘yanyauid’ acabara desembocando en una “limpieza étnica”. Sin embargo, numerosas ONG’s, la Unión Africana (UA) y la propia ONU han denunciado la masacre desarrollada en estos cinco años en Darfur. Por ahora, la única solución posible puede estar en la acción conjunta de la UA y la ONU, que en diciembre de 2006, en Adis Abeba (Etiopía) acordaron con el gobierno de Jartum el despliegue en Darfur de un contingente militar mixto, conformado por unos 25.000 cascos azules, pero con africanos ocupando los puestos de mando. Aún así, por ahora sólo hay 9.000 soldados… cifra insuficiente para cortar una hemorragia que sucede a la sombra del interés mediático.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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