Aún resuena en el eco de la eternidad la proclama de los alcaldes de Móstoles: “¡Españoles, la patria está en peligro! ¡Acudid a salvarla!”. Ese fue el aldabonazo en la conciencia que desató definitivamente el fulgor de la raza española. Mientras la España oficial permanecía dormida, la auténtica y esencial, la España del Pueblo era la que daba un golpe encima de la mesa y se levantaba contra el opresor gabacho.
Mientras, en Bayona, los miserables Carlos IV (el pusilánime al que le había gobernado Godoy, el ‘Príncipe de la Paz’ que se los ponía con su mujer, la pérfida María Luisa de Parma) y Fernando VII (que de ‘el Deseado’ pasó a ser ‘el Felón’), cedían todo el poder al dictador de Europa, Napoleón Bonaparte, que en forma de baluarte de las ideas ilustradas no hacía sino poner la mordaza al resto de potencias y convertirlas en estados-tapón frente a la Gran Bretaña que siempre fue su obsesión.
Fue un Dos de Mayo de 1808… ¡dos siglos ya! Sin embargo, no debemos olvidar jamás el valor de mitos algo más que etéreos como Daoíz, Velarde o Manuela Malasaña. Fueron héroes que por su amor a la Patria, por negarse a que su Pueblo, a que nuestro Pueblo, sucumbiera ante el ansia feroz del perro de Napoleón, entregaron valerosamente lo más preciado que tenían, su vida. “¡No, franceses, España es nuestra y moriremos por defender la tierra que nos vio nacer!”. Eso es lo que dijo el pueblo de Madrid a los soldados del Imperio gabacho conquistador. Un puñado de hombres y mujeres contra el ejército más poderoso de Europa. La matanza estaba servida. Pero su ejemplo sería la luz que encendería los ánimos de todo un país, paralizado durante meses, viendo como cada vez eran más los soldados franceses que paseaban sus arcabuces por nuestras calles.
Fueron mujeres, que encima de putas debían de poner la cama por indicación de nuestros pésimos regentes. Fueron niños, que querían vivir en una España que les perteneciera. Fueron hombres valientes, encarcelados algunos, que pidieron que les dejaran abandonar la celda por ese día a cambio de poder coger un arma y matar a un francés.
Sí, tal vez esto que digo sea horrible. Tal vez huela a sangre, odio y horror… pero así es la Historia. Ésta es nuestra Historia. Aparte de los mitos y leyendas que pudieran rodearla, lo cierto es que por primera y única vez (no quiero contar con la Guerra Civil, pues fue entre hermanos) el Pueblo Español, tradicionalmente anestesiado y dependiente de la deriva de sus regentes, se levantó y gritó: «¡Somos España y sólo nosotros tenemos derecho a autodestruirnos!”.
¡Gloria a todos los caídos por España en la dramática Guerra de la Independencia, así como en el resto de horribles matanzas que han labrado nuestra Historia!
A 2 de mayo de 2008, en el Bicentenario del 2 de mayo de 1808.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
Home