
Machús (para los que no la conozcan, es mi hermana María Jesús, de 24 años), ya sé que soy un desastre. Siempre me dices que nunca te escribo nada, y tienes razón. Mucho hablar de meretrices, de toros y de fado, y no escribo nada de mi hermanita; una de las personas a las que más quiero en mi vida.
A pesar de ser yo el mayor de los dos (nos sacamos diecisiete meses), tú has sido la que ha cuidado de mí; aparte de nuestros padres, claro. Como yo era (soy) un vago, tú siempre te preocupabas porque no me faltara de nada. Es así, tú eres la detallista de los dos. Mientras a mí se me olvidaba todo, ahí estabas tú para que no quedara un solo cabo suelto. ¡Cuántas veces me has sacado las castañas del fuego! ¡Cuántos regalos, cuántos detalles por tu parte, que yo no he sabido responder! Sí, lo sé, soy un cantamañanas.
Pero lo mejor de todo es que tú nunca me echas nada en cara. Por mucho que al principio, cuando te lío alguna, saques a pasear tu genio, al momento siempre estás otra vez ahí, a mi lado. Sé que esto no le importará a nadie. Pero hoy me apetecía escribirte esto solo para ti.
Cada día que pasa le doy gracias a Dios porque ese 2 de diciembre de 1997 todo salió bien. Nunca, nunca olvidaré cuando nos llegó ese jarro de agua fría en forma de noticia fatal y absolutamente inesperada. Cada vez que recuerdo esas interminables horas de quirófano, con nosotros arriba mordiéndonos las uñas, creo que me muero. Nunca te lo he dicho, pero creo que me hubiera muerto (al menos por dentro) si ese día no nos hubieran llamado al teléfono de la habitación para decirnos que habías salido bien de una muy dura operación.
Por suerte, y por la poca edad que nos sacamos, nos hemos criado juntos. Siempre, en todos los sitios, el uno al lado del otro. Si hasta de pequeños nos decían que parecíamos gemelos… Y así hasta hoy. ¿Qué más se puede pedir que una hermana como tú, que si pasa una rubia al lado y no me he dado cuenta (algo que rara vez suele pasar), no tardas en decirme “mira, mira”? La gente se extrañará, pero tú y yo sabemos que eso forma parte de nuestro código, de una forma de vivir en la que siempre ha de estar presente el humor. Y, por supuesto, no sabes lo que me alegra lo bien que te llevas con Mari, hasta el punto de ser buenas amigas. Sabes que de no haber sido así yo lo pasaría muy mal.
El que me conoce sabe que para mí la familia (y aquí incluyo, por supuesto, a Mari y a mis amigos) es lo más importante. No pasa día en que mi principal petición a Dios sea el que os mantengáis como hasta ahora. Bien de salud. Queriéndome.
Bueno, Machús, ya tienes tu necesario espacio en mi rincón digital. Este escrito solo es para ti. Necesitaba devolverte uno de tus infinitos detalles y decirte que te quiero.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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