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Edu J., testigo del arte tomasista

Miguel Ángel Malavia 16 Jun 2008 - 22:50 CET
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El amigo y comentarista habitual de este blog, Edu J., tuvo el inmenso privilegio de asistir ayer en Las Ventas a la apoteosis te José Tomás: tres orejas y tres cornadas. Triunfo a base de sangre y heroísmo. Edu ha escrito una crónica de tan magno acontecimiento y quiere compartirla con nosotros. Aquí está:

“Después de dieciséis emocionantes horas en la cola de Las Ventas, en la que nos encontramos con una fauna bastante friki y bizarra, obtuvimos nuestro premio: un par de entradas para ver al que será con el paso de los años un mito del toreo, José Tomas.

La cita, era a las 7 de la tarde y al igual que el diestro de Galapagar yo también me hice acompañar de dos espadas más. Por un lado el joven Rojas, caballero pacense, español y amante de buenas costumbres y formas. Por el otro, el archiconocido Capomandamento de Torrejón y amante de la Dolce Vita, Don Pedro J. Entramos en la plaza viendo las distintas partes de ella, destacando esas terrazas que hay en los interiores y donde han aprovechado para colocar una barra de bar y atizar, como lo hace el Sr. Ciriaco de Málaga con su látigo, en los precios (tanto bebidas, como combinados y mejor no hablar de las gambas).

Llegada la hora de la verdad, comienza el espectáculo y salen los tres artistas: El Fundi, José Tomás y Juan Bautista. Los matadores hacen los saludos correspondientes y el respetable ovaciona al de Galapagar con un aplauso unánime que deja a este servidor helado en su asiento de andanada seis.

Entra, en primer turno, El Fundi, que hace un trabajo discreto con toros que apenas responden a las expectativas. Aunque a mí me gustaron bastante algunos quites que hizo con el capote, destacando en las chicuelinas.

Le sigue José Tomás (a recalcar que en la plaza de toros se hacen un silencio total, cuando torea el maestro), que en su primer toro (de la ganadería del Puerto) sacó petróleo, pues de un astado manso y sin ganas apareció una faena bonita. La faena, fue recompensada con una oreja y una vuelta al ruedo. Y como propina, una visita a la enfermería por un “pequeño lance» con el morlaco. En el segundo toro (un sobrante de el Torero), con más fuerza que el anterior, el de Galapagar enganchó unos muletazos que sólo se pueden calificar de extraordinarios, pues puso a la Monumental en pie. Como recompensa, dos orejas y otro par de cornadas. Pero haciendo uso de ese tópico de que los toreros están hechos de otra pasta, se fue él solo caminando hacia la enfermería, con dos cornadas, una de ellas de 20 centímetros.

Para cerrar el grupo, le tocaba el turno al francés Juan Bautista, cuyo primer toro se cerró con silencio y en el que en el segundo la gente ya no hacía mucho caso, pues el protagonismo se lo había llevado José Tomás, comenzando algunos a abandonar el coso taurino. Así, el segundo astado, se cerró con silencio también.

Lo que pude ver ayer sólo se puede describir con una palabra: “éxtasis taurino”. Porque ver lo que hace José Tomás no lo hace nadie, salvo él. Así no es normal que levante al público de sus asientos, que se cuelguen los carteles de no hay billetes, que la reventa esté por las nubes….Y todo esto sólo logra una persona, José Tomás». Edu J.

Como complemento a este testimonio de excepción, quien quiera gozar con algunos de los lances de tan mayestática tarde de Arte, sólo tiene que pinchar aquí.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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