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La supervivencia del rajoyismo

Miguel Ángel Malavia 23 Jun 2008 - 23:50 CET
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Me sorprenden las conclusiones que algunos han sacado del XVI Congreso del PP, celebrado el pasado fin de semana en Valencia y en el que Mariano Rajoy ha ratificado su liderazgo. Sinceramente, no entiendo calificativos que hablan de “triunfo a la búlgara”, “cobardía” o “vergüenza”. ¿Por qué? Si todo es mucho más fácil de lo que parece.

Rajoy perdió las elecciones hace tres meses. Lo que era un partido unido, obviamente, se fragmentó entre los que pedían un mantenimiento en el liderazgo y los que apostaban por algo diferente, ya que se trataba de la segunda derrota consecutiva. En seguida, Rajoy afirmó que se veía capacitado para dirigir un “nuevo proyecto” en el PP, convocando un congreso abierto a cualquier otro aspirante. Así, se inició el debate. Rajoy fue componiendo su nuevo equipo, del que se fueron cayendo algunos de los nombres del aznarismo y del primer rajoyismo. Por muchas críticas que se le realizaran, era lo normal. Él quería seguir, por lo que el necesario cambio de nombres tenía que afectar a todos menos a él. ¿Qué hay de extraño en ello? ¿Cuántos fueron los que el mismo 10 de marzo ya decían que se tenían que ir Zaplana y Acebes y luego han lamentado que el partido haya “dejado marchar a los pesos pesados”?

Se le han echado en cara a Rajoy muchas falsedades: que si ha renunciado a los principios, que si se ha vendido a los nacionalismos, que si ahora negociaría con ETA… Mucha mentira, en definitiva. El presidente del PP no es un monstruo, aunque algunos que antes le apoyaban ahora le desfiguren así deliberadamente. Es el mismo que era sólo hace tres meses. Lo que sucede es que ahora ya no se va a dejar llevar por el tono crispado como una forma de ser. Él sabe que perdió las elecciones en Cataluña y País Vasco. Sin el batacazo en ambas regiones hoy sería el presidente del gobierno. Allí, su política ha sido vista como anticatalana y antivasca. Y no es así. Se pueden mantener los mismos principios, pero comunicándolos de otro modo, con rotundidad y sin complejos, pero sin estar todos los días necesariamente criticando a CIU, ERC, BNG o al PNV, que aprovechan para fomentar un victimismo que extienden al resto de ciudadanos de su región, como si ellos fueran zarandeados en su conjunto.

Este PP se va a mantener igual de firme ante el nacionalismo que antes, de eso no tengo duda. Simplemente, iniciará cada batalla en el momento oportuno, respondiendo a las indignidades tan habituales en gente como Ibarretxe, Carod Rovira, Arthur Mas o Anxon Quintana. Otra cosa es que en un momento dado pueda entenderse con los sectores más moderados del nacionalismo, dejándoles claro que no se va a ceder en nada en lo esencial; esto es, España. Porque esto lleva a otra reflexión: ¿No gobernó Aznar entre 1996 y 2000 con los nacionalistas? ¿Con quién hubiera tenido que pactar Rajoy si hubiera ganado las elecciones? ¿Se hubieran rasgado las vestiduras los que hoy tachan a Rajoy de traidor?

Por favor, que no conviertan en una lucha de principios lo que es una batalla de nombres y de poder.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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