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Admiro a María San Gil, aunque hoy difiera de ella sobre Rajoy

Miguel Ángel Malavia 13 Jul 2008 - 17:15 CET
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Finalizado el congreso del PP en el País Vasco he comprobado con desagrado que uno de los argumentos utilizados por algunos (sobretodo desde varios medios de comunicación) para criticar la actual situación del PP, era echar en cara la posición de María San Gil (y Ortega Lara), dando a entender que quien no esté con ella en este tema está traicionando unos principios fundamentales. Lo he dicho muchas veces y lo repetiré las que haga falta: María San Gil y Rosa Díez son mis referentes en política, mi esperanza de que la política es algo más que una fórmula de medrar hasta el poder. Ellas, en sí mismas, representan los valores con los que me identifico: libertad, democracia y lucha hasta el fin contra la lacra de ETA.

Sin embargo, en este asunto difiero con María San Gil. A diferencia de Rosa Díez, que se desmarcó de un Zapatero que dialogó con ETA y que fomentó estatutos como el catalán, marcados por la insolidaridad con el resto de España, María San Gil, creo, no está ante otro Zapatero. A día de hoy (y recalco mucho lo de ‘hoy’), creo que Rajoy no ha traicionado los valores y principios que comparto con la valiente política vasca. Creo que su cambio sólo es de formas, que el contenido seguirá siendo el mismo y que se ha querido disfrazar una batalla de poder, de lucha interna entre generaciones, en una guerra de ideas.

En el fragor del combate, María San Gil y muchos como ella (Ortega Lara o Mayor Oreja) han creído detectar en Rajoy síntomas que han despertado su desconfianza. Yo aún no los he visto, pero tampoco estoy dentro del partido, no tengo la misma información que ellos y desconfío de la demonización mediática de alguien que habría pasado del blanco al negro en sólo tres meses. Sin embargo, el día que vea los primeros síntomas, seré el primero en aceptar el desbarre rajoyesco. El día en que en los actos del PP deje de ver banderas de España, el día en que Ibarretxe cometa alguna de sus habituales barbaridades (como condenar a ETA y querer mantener a los etarras en las instituciones) y desde el PP se mantenga la ambigüedad, el día que se dé a entender que se negociaría con ETA… ese día me uniré al batallón de los que fustigan a Rajoy sin piedad.

Sin embargo, hoy (repito: hoy) pienso que ese batallón de fusilamiento que apunta a Rajoy está compuesto por gente de buena voluntad, que defiende unos principios que creen vulnerados, y otros que son políticos y se ven desplazados del poder que en su día acariciaron, junto a unos ¿periodistas? que utilizaron a un pelele para su estrategia mediática y ese muñeco al fin ha demostrado tener personalidad propia.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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