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Estrella Morente y el arte brutalmente puro

Miguel Ángel Malavia 15 Dic 2010 - 23:32 CET
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Jorge Manrique, escribiendo a su padre muerto, reflejó perfectamente la increíble belleza del arte cuando éste se adentra en el sentimiento más desgarrado: el dolor insoportable por una pérdida irremplazable. Son muchos los testimonios de grandes artistas desplegando su desesperación en el blanco del papel para homenajear en la hora del adiós al ser querido. Sin embargo, es muy difícil que alguien supere la imagen y el sonido que hoy se ha vivido en Granada. Jamás, jamás, jamás olvidaré la escena de Estrella Morente cantando a Enrique Morente, escondido éste bajo un ataúd traicionero, que nos da a entender que ya no volverá más a hacernos sentir. Ambos Morente: éste ya un apellido de dioses.

La escritura es un arte vivo, pues se hace presente en el lector, interpelándole, estimulándole, haciéndole sentir y pensar. Pero para eso hace falta un tiempo, largo o corto: el que transcurre desde que una obra es escrita hasta que ésta es leída por quien se ha adentrado (intencionadamente, por clarividente casualidad o por absoluto rapto de locura) en su laberinto. Sin embargo, el cante es arte vivo en estado máximo. Inmediato, brutalmente puro, químicamente fuego. Nada como una voz de mujer, honda y desgarrada, golpea al pecho de tal forma, haciéndote llorar ya desde el preciso instante en que se compone la obra, sea ésta inmortal o no.

Para mí, no hay duda de que hoy Estrella Morente ha pintado su Guernica, como su padre pintó tantas y tantas veces la obra que más admiró en Picasso. La cantaora ha tomado con fuerza la antorcha del testigo y, seguro que sin quererlo, ha plasmado su obra principal. Ella es fuerza, pasión y vida. Tal y como demuestra en cada disco o cada vez que pisa las tablas del escenario. Pero nunca como en esta tarde granaína podrá alcanzar tal estado de éxtasis y misticismo. No frivolizo: ella no buscaba crear arte, pero su homenaje al padre y poeta, muerto por robo del destino, es ya eterno. Hubiera dado muchas cosas por haberlo presenciado en directo, pero ni la distancia de una fría grabación televisiva me hace latir menos fuerte.

Estrella Morente y Enrique Morente. Dos genios frente a frente. Una hija y un padre. La fuerza de una poeta en plena vida ante la pena infinita por un poeta cuya sangre se ha congelado. Para siempre. Como el arte de dos dioses.

Fue en Granada.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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