Me da mucha pena escribir este artículo. Primero, por criticar algo en lo que casi todos caemos (aunque, espero, que con ciertos límites). Segundo, por hacer referencia a algo que me asquea: la prensa del corazón. Así, por poner un ejemplo, yo vendería mi alma si acabara saltándome ambos puntos y terminara trabajando en una revista del corazón. Quiero creer que nunca llegaría a ello, por muy desesperado que estuviera. Pero sé que soy el primer mindundi de entre los mortales…
Vivimos en un tiempo en el que es visto como normal que algunos famosetes entren en contacto con seres queridos muertos a través de una médium. Todo ello con luz y taquígrafos, en un plató de televisión. Me da asco. Si saben que es una farsa, no tienen corazón por mercadear con la memoria de sus hijos, padres o esposos. Y si creen en el poder de la médium, ¿por qué hacerlo ante toda España? ¿No anhelan con toda su fuerza poder hablar con el ser amado en la intimidad que un día perdieron? Soy claro: quienes van a esos programas son una basura humana. No me merecen ningún respeto.

Y, en este contexto de pobredumbre, lo último ha sido lo de Isabel Pantoja. Telecinco ha anunciado su fichaje como colaboradora de la cadena. De verdad, ¿no le da vergüenza? ¿No siente asco de sí misma? Desde hace años, la tonadillera ha sido vapuleada sin miramientos por muchos medios. Pero ha sido Telecinco quien se ha llevado la palma: la han destrozado, han hecho un espectáculo de episodios muy tristes en su vida. Ella siempre protestó y pidió respeto para su vida privada.
Pero, amigo, el Dios Dinero ha apretado el bolsillo en que a veces se encuentra el alma. Y ya no hay respeto ni dignidad por uno mismo. Ojalá le paguen tanto a esta señora como para que le compense arrastrar su alma sin pudor. Y que, pase lo que pase, nunca más vuelve a pedir que la dejen en paz los periodistas. Ha dejado claro que tiene un precio. Aunque sea un alto precio…
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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