Bien, somos de nuevo campeones del mundo.
Hemos ganado el segundo mundial de futbol, la segunda Copa del Mundo. Y la hemos ganado nada menos que contra la Selección Argentina.
Una Argentina que, después de la que han montado tras perder, queda clasificada como: el mejor peor perdedor de la historia del futbol.
Pero es lo que hay.
Cada selección es un fiel reflejo, una proyección, del país que representa.
Y esto me lleva la algarada que se armó cuando Rajoy dijo aquello de que: “Francia tiene una Selección de alto nivel, pero sin franceses”.
Cuanto ofendidito se llevó las manos a la cabeza. Que desfachatez acababa de pronunciar Rajoy…Terrible, ¡oye!
Rajoy dijo lo que muchos pensamos.
Igual que la Selección Argentina es un claro reflejo de ese país, la Selección Francesa es un claro reflejo de lo que es Francia.
Y Francia ha dejado de ser Francia.
Y en Inglaterra esta ocurriendo tres cuartos de lo mismo.
Si hoy en día te meten en una capsula y te dejan caer en un barrio de París, norte de Londres o Birmingham y no te dicen donde estás, apostaras a que has caído en algún país de África, Oriente Medio o Pakistán.
El ser hijo de un pueblo no es simplemente la ciudadanía escrita en tu pasaporte, es algo mucho mas profundo, es un sentimiento, es es el pecho que mamaste, la cultura en la que te criaste, algo que llevas en el alma desde el día en que naciste hasta el día de tu muerte.
Un pueblo no muere únicamente cuando desaparecen sus hombres. Muere cuando deja de reconocerse a sí mismo.
Cuando sus costumbres son despreciadas, su memoria relegada, su lengua olvidada y su forma de entender la vida sustituida hasta el punto de que sus propios hijos ya no reconocen el alma de la tierra que los vio nacer, entonces algo más profundo que una cultura ha sido destruido: la identidad de un pueblo.
Ninguna sociedad puede sobrevivir indefinidamente si permite que su esencia sea desplazada, diluida y finalmente borrada en nombre de una falsa idea de progreso o de una tolerancia sin límites. Porque la tolerancia que exige a un pueblo renunciar a lo que es, no es tolerancia: es sometimiento.
No se puede permitir que un pueblo sea invadido por una cultura extranjera hasta tal punto que el alma de ese pueblo, su esencia, su forma de vida y su cultura, sean cambiadas de una forma tan extrema que ya nadie lo pueda reconocer y eso está sucediendo en Francia, en Bélgica y en Inglaterra y vamos camino de que suceda en Italia, Alemania y España.
Un pueblo tiene derecho a conservar su memoria, sus raíces, sus costumbres y su manera de mirar el mundo.
Y cuando se le arrebata todo eso, puede que sus calles sigan llenas, que sus casas permanezcan en pie y que su nombre continúe escrito en los mapas.
Pero el pueblo, en realidad, ya habrá desaparecido.
Y ya lo dijo Brigitte Bardot y fue condenada por ello y tachada de blasfema, racista y xenófoba, en 1997 y luego en 1998 y en el 2000 y en el 2001 y nunca se cansó de repetir loa pobre Brigitte, hasta el día de su muerte: “Los musulmanes me han robado la patria”
Home