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Francia ha caído y nosotros vamos detrás…

Paco Sande 26 Oct 2026 - 22:35 CET
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Francia está patas arriba, por no decir que ha caído y los disturbios se han extendido a Bélgica, Italia, e incluso Portugal tiene sus problemas.

Entre Rusia y Ucrania lo mismo, metidos una guerra interminable y sin sentido.

Estados Unidos enfangado en una guerra que no acaba de despegar. Y todo ese conflicto de Oriento Medio, que no tiene visos de que vaya a acabar, al contrario, cada día se pone peor, Irán, Irak, Dubái, Kuwait, Arabia Saudita, etc., han parado o casi parado, de producir petróleo.

Destruyeron el oleoducto del mar del norte. Se pierde el oleoducto de Argelia, el Canal de Suez está casi inoperativo y el coste por cruzar el Canal de Panamá, ha pasado de caro a astronómico.

Todo esto hace que el Estrecho de Gibraltar, en estos momentos, sea uno de los puntos neurálgicos más importantes del planeta.

Así se entiende mejor el afán de Mohamed por anexionarse Ceuta y Melilla, algo que ya parece que se nos olvida en medio de todo este barullo y que no debería, porque no es algo baladí.

Ahora en España, tenemos los acampados en la Puerta del sol, disturbios en la Coruña, con motivo, dicen, de la visita de Santiago Abascal, en Barcelona, los demócratas de la izquierda, armando la de dios es cristo y la policía y antidisturbios que no dan abasto.  Ayer en Bilbao, para, supuestamente, protestar por la visita de Víctor Quiles, que al final se suspendió, pero, a lo que los “demócratas” debieron pensar: “bueno, no viene, pero ya que estamos aquí, vamos a quemar, saquear y destruirlo todo” y eso hicieron.

Y que nadie se crea que todo esto es casual, ahí hay gente que cobra por hacer eso y sabe a lo que va, que nadie se engañe.

Y aquí no se salva nadie, desde Von der Layen, pasando por Lagarde, Macron, Sánchez, etc., son todos peones de Soros, -ese filántropo húngaro que no se cansa de hacer obras de caridad y cara visible de una elite en la sombra-.

Y es que está todo visto, Sánchez se va a Estados Unidos y se reúne con el hijo de Soros y viene con los deberes hechos y una hoja de ruta inequívoca

Lo primero: es buscarte un pretexto para encender y entretener la opinión pública.

Y ahí aparece el “affaire” Maricarmen, podría ser cualquiera, hay desahucios en España todos los días, pero Maricarmen estaba en el lugar correcto en el momento preciso.

Y al final se consigue lo que se buscaba, revueltas y disturbios a mansalva, una huelga programada por los esbirros sindicalistas y una crispación en la calle que no se veía desde los atentados del 11M y aquellas convulsas elecciones del 2004, que fueron cualquier cosa menos legales.

Sánchez se ve perdido y es capaz de hundir España antes que dejar el poder, es un enfermo, un psicópata que habría que medicar y que acabará de mala manera, pero de momento está ahí y su poder de destrucción es inimaginable. Y quien paga los platos rotos es el ciudadano de a pie, el que se levanta todos los días a las seis de la maña para acudir al curro, es el comerciante que ve su comercio destruido, es el empresario que ve que ya no le sale a cuenta seguir con la empresa, es España arruinada.

España está sufriendo de nuevo esos demonios familiares que Francisco Franco, definió en 1966, entre los que destacaba la insularidad y la desunión crónica que se ha manifestado a lo largo de la historia de este país de taifas, cantones y gobiernos separatistas y un peligro añadido que él no previó, la invasión islámica.

Si en estas próximas elecciones gana la derecha, sea ésta, el Partido Popular o sea VOX, o sean los dos, tendrán que fijarse un fin político propio, de un pueblo dueño de sus destinos, lejos de los tejes manejes de Europa y de preocupaciones personales y partidistas. Deben tener la anegación política suficiente, para someterse a un ideario común, superior al de los partidos y entereza para sanear un ambiente político viciado hasta el tuétano, batir el barbarismo que ha infectado nuestros pueblos y ciudades y defender la libertad y la democracia.

Y si vuelve a ganar Pedro Sánchez, que Dios nos ayude…

Paco Sande

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