Todos los demócratas nos alegramos del surgimiento de Ciudadanos de Cataluña. Aún desde puntos de vista absolutamente diferentes, como es mi caso. Y es que a uno le aburre sobremanera que las masas se vean sometidas a la dictadura de lo políticamente correcto. En esto, en lo correcto políticamente, también hay dictaduras, dictablandas y dictamásduras. La del nacionalismo catalán o vasco es de las más duras. Como la del nacionalismo español de postguerra, el que ciudadanos de Cataluña, de Castilla y de toda España sufrimos. Hay que admitir que actualmente el nacionalismo español es perfectamente asociable al que existe en cualquier país de Europa, nada comparable con el que los que tenemos más años aún recordamos.
O piensas como yo o estás contra mí, esa es la regla básica de estos tres nacionalismos que todo lo impregnan, absorben y monopolizan. Si eres catalán tienes que ser catalanista. Si eres vasco tienes que votar, pensar y vivir en vasquista. Si eras español tenías que ser franquista… o te encerraban o te desterraban o te fusilaban, claro.
Por eso me alegro del nacimiento de Ciudadanos de Cataluña. Porque me molesta lo políticamente correcto, porque me duele el borreguismo, el seguidismo, el entreguismo, el dontacredismo de tantos votantes, porque hay que dar nuevas y diferentes oportunidades a los electores que sean capaces de pensar por sí mismos; se necesitan alternativas para que las células grises de algunos ciudadanos, aquellos acostumbrados a votar a quien les ordena el sistema, sigan activas. Hay que revolucionar las neuronas.
Y también porque llevando ya tantos años escribiendo en tantos medios estoy contra la prensa sumisa, la prensa de la mano tendida a la espera de las migajas del poder, a la espera de la subvención, a la espera de las consignas, de la prensa que oculta a sus lectores la realidad social que interesa al poder.
Celebro el nacimiento de Ciudadanos de Cataluña,que es su forma de ser ciudadanos del mundo, ciudadanos de la inteligencia, ciudadanos de la insumisión, ciudadanos de la personalidad propia, ciudadanos pensantes, ciudadanos de la libertad, de la renovación, ciudadanos de bien. Y espero ansioso el momento en que la prensa catalana no tenga más bemoles que reconocer la existencia de la realidad, la existencia de Ciutadans de Catalunya con la manía de pensar por sí mismos.
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