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El domador de gatos se enfrentaba a un tigre y no lo sabía

Pedro de Hoyos 21 Jun 2007 - 19:28 CET
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Lo acaba de decir Iñaki Anasagasti que imagino tendrá los derechos de la imagen que ha creado: Zapatero quería acariciar a ETA creyendo que era un gato y le resultó un tigre.

El error de Zapatero, crédulo, ingenuo y simplista, fue creerse que él era el señalado por la mano del dios laico de la Democracia para acabar con ETA. Desde luego que debía intentar lo que todos los presidentes anteriores, acabar con los asesinos por medios pacíficos pero eficaces y rápidos. Hasta ahí, de acuerdo. Bien por el tercer presidente que lo intentaba.

Pero, y una vez intentado, observado y comprobado que ETA no tenía ninguna gana de desarmarse, que antes al contrario se estaba armando, robando pistolas y almacenando explosivos, que seguía la extorsión a los empresarios, que la “kale borroka” seguía su camino de fuego y destrucción, debía haberse plantado, como quien juega a las siete y media y no quiere pasarse, y haber seguido el exacto mandato de las Cortes: Sólo se negocia si ETA detiene su actividad, si muestra inequívocamente su deseo de dejar las armas y reintegrarse a la vida democrática.

Sin embargo el Gobierno se empeñaba en el inútil esfuerzo de mantenerse en un equivocado camino, soportando significativas muestras de la decisión asesina de ETA, manejando el lenguaje para convencerse y convencernos de que poseía la razón. Desde aquel “Otegui es un hombre de paz” hasta las actuales manifestaciones del ministro de Justicia sobre la normalidad (hay que ser ciego voluntario, para afirmar tal disparate) de la constitución de los ayuntamientos del País Vasco.

Ése fue el error de Zapatero, su grave error, creerse, torpe e ingenuamente, que él iba a dirigir los destinos de los asesinos, negarse a aceptar la realidad, creerse que ETA era un gato. Que resultó ser un tigre, Anasagasti dixit, un tigre al que acabamos de pillar otro coche bomba a puntito de estallar.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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