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Castilla y las infraestructuras de Cataluña

Pedro de Hoyos 23 Ago 2007 - 18:37 CET
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Las infraestructuras de Cataluña se han convertido en la estrella de este verano y volverán a serlo cuando vayan asomando las próximas elecciones generales. Entonces, sea cual sea el gobierno que salga de las urnas, será éste un esclavo de las decisiones de los nacionalistas catalanes, como lo será el actual a la hora de firmar los próximos presupuestos del Estado, como lo han sido todos, de derechas y de izquierdas, incluido aquél del Aznar que hablaba, por cataplines, catalán en la intimidad.

La inexistencia de un partido nacional que pueda servir de apoyo y equilibrio a cualquiera de los otros dos grandes condiciona la política general a un continuo pacto con nacionalistas. De esta forma toda la política nacional se ve condicionada por las opciones políticas de un puñado de catalanes o vascos nacionalistas, por “los catalanes” o por “los vascos”. Aquellas otras regiones que también forman España se ven continuamente menospreciadas y abandonadas y marginadas por estas políticas económicas, culturales o agrícolas, por ejemplo. Si los nacionalistas negocian para los suyos, como es natural, y el Gobierno de España negocia para España… ¿No se produce un desequilibrio? ¿Quién defiende los derechos de Castilla, de Asturias o de Extremadura pongo por caso?

Ciertamente en Cataluña se ha producido un caos circulatorio y eléctrico a lo largo del verano. Las imágenes de las estaciones abarrotadas de viajeros que no conseguían salir o de los generadores que desde las calles trataban de paliar el desastre en que unos y otros han sumido la distribución de electricidad en Cataluña son especialmente llamativas y los que han sufrido tan desoladoras consecuencias en propia carne deberán ser suficientemente compensados. Cataluña como entidad también debe serlo.
Pero no podemos olvidar los continuos desastres a que otros nos hemos visto sometidos continuamente desde antiguo sin que nadie haya todavía hablado de compensaciones o de deuda histórica. Entre los miles de damnificados habidos en Cataluña habrá sin duda muchos que no lo habrían sido si hubieran podido quedarse a trabajar en su casa en vez de tomar el doloroso tren de la emigración, emigración que enriquece a las regiones receptoras y empobrece a las proveedoras de mano de obra. ¿Quien nos compensa por los pueblos envejecidos donde una docena de ancianos esperan, un día a la semana, a que el médico tenga a bien llegar, quién equilibra la sangría migratoria de los pueblos abandonados de Castilla, a los que hay que llevar todos los días justicia, seguridad, correo, sanidad, educación para veinte vecinos, al mismo precio que si hubiese diez mil? ¿Quién salda esa deuda que España tiene con los pueblos de calles vacías, donde la nieve cierra la calle un mes cada vez que cae?

¿Y las infraestructuras que no se nos colapsan porque no las tenemos? ¿Hablamos de ese AVE que va a llegar a Valladolid? ¿Cuándo va a llegar a Palencia, Soria, Zamora? ¿Y por qué no es el mismo AVE, ay, esa velocidad, esa seguridad, ese confort, que el que va a Sevilla o Barcelona?

Desde Franco que inundaba nuestros pueblos y campos para producir una electricidad que se consumía en aquellas regiones industriales donde había empresas movidas por emigrantes salidos de esos pueblos y campos, en Castilla tenemos un enorme déficit, de infraestructuras, de empresas, de servicios, pero sobre todo tenemos un déficit increíble de hombres buenos, nacidos en nuestra tierra y que se empeñen en defendernos tanto de una España que nos desprecia como de unos nacionalismos que nos ignoran.

Desde el culo de España. Con dolor.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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