En esta columna he dejado amplia constancia de mi apoyo en numerosas ocasiones, no en vano ella es una de las personas que más se está distinguiendo en este momento de la política antiterrorista de España. De la política general de España. Admiro la rotundidad de sus palabras, la firmeza de sus afirmaciones, la profundidad de sus reflexiones. Las cargas que dirige a sus compañeros, todavía, de partido. Admiro su voluntad de conservar las esencias que siempre tuvo el PSOE, admiro que nos demuestre todos los días que ser de izquierdas, e internacionalista por ende, no supone dejar de pensar en España, admiro que anteponga España al “Estado español”.
Sus declaraciones son siempre de tajante firmeza, sin que las críticas a sus compañeros del PSOE, con los que tantas cosas ha compartido y comparte, se vean mermadas por tantos años de colaboración o por la posición del cargo al que van dirigidas. Las últimas, o tal vez las penúltimas, realizadas en Onda Cero fueron un compendio de todas sus virtudes, de todos sus credos, de toda su consistencia.
En su blog personal Rosa Díez se dirige ahora a Miguel Buen, secretario general del PSE de Guipuzcoa, que hace poco manifestó «yo no sé si va seguir teniendo que haber negociaciones con el mundo radical abertzale (…), pero si son necesarias habrá que mantenerlas y no tendremos que mirar de reojo por el retrovisor a ver lo que dice el PP». Este mismo curioso personaje después del atentado de Durango acaba de pedir “La unidad de todos los demócratas para combatir a los terroristas”. Ante esta contradicción, ante esta ventosidad mental del guipuzcoano, Rosa Díez, que podía haber optado por desternillarse de risa, se coge un cabreo de padre y señor mío y le pregunta si quiere esa unidad para defender a los constitucionalistas o para sentarse con ETA. O si va a defender los símbolos constitucionales como esa bandera que fue izada durante 20 avergonzados minutos en el ayuntamiento de Bilbao.
Pero debe ir buscando Rosa Díez una solución, debe ir pensando en buscar una manera de hacer más efectiva esa oposición actual a las maniobras del PSOE. Debería darse cuanta de que tanta palabrería sobra, de que con ella no va a ninguna parte, de que el verbo está bien un tiempo pero que tarde o temprano debe dejar paso a la acción. Cuando existe un daño o la posibilidad de un mal no sirve de nada hacer bellos discursos cargados de razón y de pasión. Cuando las cosas empiezan a llegar a cierto punto uno debe comprometerse. Comprometerse y mojarse los dos pies, no basta con dirigir la batalla desde la orilla. Cuando las circunstancias lo aconsejan, cuando las cosas se ponen como ella denuncia el diccionario no debe ser un recurso oratorio sino que debe servir para dar un fuerte golpe en la mesa y empezar de nuevo. En otro sitio, de otra manera, con otros métodos. Con otros compañeros. Rosa Díez debe empezar a darse cuenta de que no basta con la palabra. Fuera del PSOE puede hacer frío, pero también puede encontrarse la verdad.
Admiro a Rosa Díez. Todavía. Pero le va llegando la hora de abandonar el verbo florido y pasar a la acción. Va sonando la hora de la decisión.
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