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La poca vergüenza del nacionalismo español

Pedro de Hoyos 13 Oct 2007 - 17:50 CET
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La única nota discordante del día de la Fiesta Nacional estuvo constituida por los abucheos a Zapatero. A Zapatero no le va la marcha de las críticas y, veterano en la cosa, se quiso zafar de ellas escabulléndose por la Calle Génova y manteniéndose escondido detrás de la tribuna principal. No muy gallarda su actitud, ciertamente, que no le privó de oír las opiniones de los que habían ido allí con el definido propósito de ofenderle y demandarle su dimisión.

Debía saber que nada le iba a privar de las iras de sus enemigos, cabe suponer que sólo enemigos políticos, que estuvieron agazapados hasta que encontraron un momento que consideraron propicio: el acto de homenajear a los caídos y su correspondiente silencio.

Si esos supuestos nacionalistas españoles querían enturbiar el desfile no pudieron elegir otro momento más adecuado. Si lo que pretendían al ir a la Castellana era homenajear a España, sus caídos y sus ejércitos simplemente quedaron llamativamente ridiculizados, el más elemental sentido del deber y del respeto debía haberlos empujado a guardar silencio. Como españoles nacionalistas, que aman profundamente a su país y a sus fuerzas armadas, dejaron en todos los presentes un sentimiento de honda vergüenza.

Seguramente hay múltiples motivos para silbar y abuchear a Zapatero, pero quizá no era ése el mejor día ni, desde luego, el mejor momento. El respeto al Rey, el respeto a España y el respeto a los caídos exigían el máximo decoro y la mejor de las composturas. Si ése es el amor a España que quieren demostrarnos yerran mucho, con su ejemplo ya sabemos cómo no demos portarnos nunca en actos de especial y significativa relevancia.

Si Zapatero, acudiendo a escondidas y permaneciendo oculto hasta que habían llegado los Reyes, demostró demasiados resabios y poca valentía y gallardía, quienes le silbaron demostraron poca inteligencia, demasiada vulgaridad y nulo valor político.

Todos los silbidos y abucheos que se quieran, pero en otro momento, en otro lugar y en otros actos.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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