Uno de los pocos placeres que le va quedando al ciudadano votante es el de abuchear a sus políticos a la mínima que se descuidan. Conste que nunca lo he practicado, pero entiendo perfectamente que otros lo hagan. Que yo recuerde sólo me hubiera gustado hacerlo hace años, cuando nuestras autoridades hicieron oídos sordos a los millones de españoles que salieron a las calles contra la guerra de Irak.
Entra en el sueldo, si eres político profesional es algo con lo que debes contar vayas donde vayas. Cuanta más responsabilidad tengas y más polémica sea tu gestión más posibilidades tienes de encontrarte a alguien dispuesto a cantarte las cuarenta. Seas quien seas, del partido que seas y hagas lo que hagas, siempre te acompañarán quienes sientan la tentación de decirte en público aquello que no les gusta.
Pero no todo vale, ni siquiera contra la gestión claramente fracasada de Zapatero en el asunto de ETA y la negociación. Aún en tiempos en que toda autoridad está devaluada por el mero hecho de serlo, el respeto a quien se compromete públicamente en la búsqueda del bien de todos debe ser una norma de comportamiento social. Hay determinadas críticas de las que los ciudadanos deben huir y unas normas de comportamiento que mantener. No todo puede salir de la boca del contribuyente hacia sus líderes, por muy devaluados que éstos estén.
Los ciudadanos tienen derecho pleno a la crítica más allá de la participación electoral cada cuatro años. Pero las libertades de manifestación y de expresión no siempre se suelen ejercer con equilibrio y moderación. Los momentos elegidos por los ciudadanos que abuchearon a Zapatero y a otros líderes hablan rotundamente contra quienes decidieron anteponer su pasión política a otros sentimientos más humanos y apropiados a los momentos que se estaban viviendo. La derechona social, que no tiene que ver necesariamente con la derecha política, tiene mucho que aprender para convivir sanamente y para con un ejemplo más civilizado poder ganar adeptos. Si es eso lo que quieren.
Censurar públicamente a los políticos no debe ser un deporte, sino un arte. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- Domingo 13, 25 horas
Hoy domingo leo declaraciones de Ruiz Gallardón en las que habla de lo sucedido con Zerolo y otros socialistas. Creo que muchos españoles, quizá alguno de los que más presumen de ser españoles, cometieron graves errores en esas circunstancias. En ocasiones en que la quietud, el respeto y la serenidad deberían triunfar, estos pésimos ciudadanos se dedicaron a insultar a los concejales madrileños. Algo parecido sucedió en otros lugares, sin embargo en El Tiemblo no ha ocurrido nada de esto, la proximidad de los ciudadanos a sus concejales lo evitó, primó el respeto y el conocimiento personal sobre el insulto.
Porque aquello no eran críticas, aquello no era censura sino insulto, no primaba la crítica al líder sino la ofensa, la maldad, la ira, rabia, cólera, irritación… Lo importante no era la crítica, más o menos personalmente justificada, sino la irracionalidad en el momento menos deseable, con el recuerdo de un guardia civil asesinado….
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