Lo más dulce que puede decirse de la actitud hostil de Patxi López es que era innecesaria y que estaba fuera de lugar. Los muertos son de todos, las víctimas inocentes del terrorismo son de todos, nos pertenecen, no tienen partido. La bronca absurda que Patxi le montó a Rajoy demuestra lo sectaria que es la política, cómo a nadie le importa la honestidad o la limpieza sino defender su propia bandería y “su” propia verdad por encima de la verdad.
Por encima de la bandería, de la opinión o de la subjetividad está la capilla fúnebre, el honor y el respeto que debemos a los muertos, en esas circunstancias todos somos uno, todos somos familia íntima del muerto, todos somos del mismo partido, el de los demócratas, el partido que pone los muertos, el partido de los inocentes, masacrados, los justos.
La bronca política es absolutamente inoportuna, innecesaria e injusta en esas circunstancias; la unión, la solidaridad y los comportamientos más sinceros y profundos deben imponerse al sectarismo.
Lo de Patxi López es pura demagogia, doloroso e imprudente partidismo en el peor momento. Provocador Patxi.
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