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Cómo lograr una dimisión en cinco minutos

Pedro de Hoyos 22 May 2008 - 07:45 CET
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Hace ya muchos años que Matías y yo nos conocemos, hace también bastante tiempo que nos otorgamos mutuamente el título de mejor amigo. Somos un armónico ejemplo de convivencia, jamás votamos al mismo partido, no somos aficionados del mismo equipo de fútbol, él lleva sus hijos a un tipo de colegio muy distinto del mío. Ambos trabajamos con diversas ONG’s, pero las suyas y las mías tienen objetivos y procedimientos muy distintos.

Juntos llevamos muchos años en la directiva de la asociación de vecinos “Hartos de todo”, asociación imprescindible en conocidos ámbitos de nuestra ciudad. Él siempre ha estado más comprometido que yo, ha ofrecido generosamente más esfuerzo, más tiempo y más entusiasmo. Y más alegría.

Con posturas políticas muy personales y peculiares mi amigo es criticado ora por el sector progresista, ora por el sector conservador de nuestra asociación. Le han acusado de todos los males y él, estoicamente, ha callado y ha seguido trabajando por el bien común de los asociados.

Sabedor de los equilibrios que tiene que hacer para mantenerse trabajando por la asociación, procura encender una vela a Dios y otra al diablo cada vez que toma una decisión. Ha empapelado su despacho de coloridos carteles en favor de la igualdad de sexos, de los juguetes no sexistas, de las aceras sin bordillo para los minusválidos, de la conciliación de las tareas de la casa con la jornada laboral, a favor de un uso inteligente de los cursos de agua y de varios grupos ecologistas. Del borde de su mesa cuelgan carteles de diversas ONG’s solicitando colaboración (económica, claro) entre las que destacan varias organizaciones religiosas católicas.

Los dos sectores de nuestra asociación han luchado duramente por removerle la silla. Por fin lo han conseguido. La campaña definitiva a que le han sometido ha sido sorprendente, rápida e inteligente.

En la última asamblea el sector progresista propuso cambiar el nombre de la Asociación por el de: “Hartos y hartas de todo”. A Matías le dio la risa. Le llamaron machista y se rió más. Considerando que estaba faltando al respeto de los asociados y las asociadas consiguieron su dimisión en cuanto los enfermeros lo ingresaron en el hospital. Y las enfermeras.

Desde entonces han pasado cuatro asambleas generales. Seguimos debatiendo muy seriamente si el nombre debe ser “Hart@s de todo”, “Hartos y hartas de todo” o si como propone el sector Zerolo (procedente de una subdivisión de una división del ala más izquierdista y que ha elegido este nombre en homenaje al conocido socialista) debe ser “Hartas y hartos de todo”.

Esperamos reanudar nuestras actividades sociales para uno de estos meses.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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