La mucama me pregunta por la crisis. Ay, madre, cuando la mucama te hace esas preguntas es que la cosa va muy en serio por mucho que se empeñe Zapa en negarlo y andamos todos atándonos los machos por o que se pueda avecinar.
El caso es que no sé si tenía que tranquilizarla o ponerla en guardia. Al final no sé lo que he hecho ni si he sabido hacerlo. Por una parte le contaba que si no recuerdo mal ésta es la tercera crisis que llevo vivida, que todavía recuerdo los años en que el sueldo no se nos subía una peseta para que el Estado pudiera sobrevivir y sin embargo aquí andamos, habiendo nadado en la abundancia durante unos años. Ya se sabe, las siete vacas gordas de Egipto. Pero no pude evitar que se me escapara un “la cuerda se rompe siempre por el sitio del más débil, en este caso, ustedes, los emigrantes”. O sea, ambigüedad bien calculada, a ver quién demonios soy yo para llevar la contraria al gobierno y decir abiertamente que vamos a pasarlo jodíamente mal. Ya de paso recojo apresuradamente el periódico que torpemente estaba abierto por las páginas de economía: empresas que cierran, bajada de producción de petróleo para que no descienda el precio, balanza comercial europea en números rojos…
No sé si al final la buena mujer se va satisfecha o con más incógnitas de las que traía. Que cada palo aguante su vela, me voy unos días de vacaciones, a gastarlo todo antes de que empiece el invierno, no sea que después no pueda. Me refiero al invierno de verdad, al climatológico. Me temo que el económico empezó hace tiempo sin que Zapa se diera cuenta.
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