Será difícil que nos tomemos en serio las políticas de igualdad si ocurren cosas como las de la cárcel en la que pusieron a una buenorra en paños menores para entretener al personal recluso, violadores incluidos. Que les vayan explicando a esos delincuentes que mujeres y hombres tenemos la misma dignidad. Y los mismos derechos. Si es que todas las políticas de igualdad son iguales, vamos, quiero decir que fallan por lo mismo, por las chavalas que en el anuncio siguiente se exhiben en ropa interior para anunciar un coche, pongamos. O por la cabeza de los hombres, que siempre está pensando en lo mismo. O en fútbol.
Será difícil que nos tomemos en serio las políticas de igualdad si las ministras o futuras ministras salen en Vogue presumiendo de palmito y marcas de lujo y prendas caras. Posar así es de derechas, si me permiten una simplificación excesiva. Posar así es echar un borrón encima de la dignidad de la clase obrera a la que le tiene que costar entender que sus “representantas” vistan así. Las ministras socialistas debieran ofrecer una imagen de sobriedad obrera, de solidaridad internacionalista. Si las señoras que se dedican a la res publica, que debieran dar ejemplo también en esto, presumen de su aspecto físico la política de igualdad da un paso atrás. Nos siguen enseñando a pensar en el físico de la mujer, dejando para otro momento, siempre para más tarde, ¿para cuándo?, otras consideraciones más… espirituales.
No termino yo de ver a Solbes posando para una revista comparable. Lo de Zapa en “Zero” no cuenta, conste. ¿Por qué a algunos políticos les encanta posar disfrazados o en actitudes ajenas a su actividad política, por qué ponen su dignidad a precio de saldo? ¿Se acuerdan del de las bombillas y su disfraz?
A Soraya Sáenz la han engañado y lo va a lamentar con el paso de los días. Se nos presenta camuflada de una evanescente Sissí emperatriz y se le van a tirar al cuello, o eran pocos en el PP y se nos disfraza la portavoz. Claro que peor le sentaría el disfraz a Maleni, pongamos. No es de recibo que quien quiera vendernos seriedad, dignidad, profesionalidad y eficacia se nos presente vestida de Barbie. No es su aspecto físico, su encanto o belleza, si es el caso, lo que tiene que mostrar. No, vestida de ejecutivo tampoco, no es necesario envolver la dignidad en una gabardina gris ni trasportarla en un serio maletín de ejecutivo. Ser “machorra”, por irme al extremo contrario, no es garantía de eficacia, porque ser macho tampoco lo es. Una ministra, una futura ministra, debe ofrecernos una imagen de entrega a los ciudadanos, de servicio eficiente al bien público. Tal como un ministro debe hacer.
Si es que de derechas o de izquierdas, ministras en ejercicio o aspirantes a ello, todas son iguales. Como los ministros: se pirran por una foto guay para enseñársela a sus “colegas” del tuenti.
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