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Rajoy, Camps, el PP y la… ¿corrupción?

Pedro de Hoyos 26 Abr 2009 - 09:05 CET
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Jamás a ningún partido de la oposición se lo habían puesto tan fácil. Tenemos un gobierno que negó la crisis y cuando no tuvo más remedio que aceptarla echó la culpa a los demás. Se enfadaba y llamaba antipatriotas a los que hablaban de la posibilidad de llegar a los cuatro millones de parados, ahora que los hemos rebasado les llama apocalípticos. Hay un millón de casas en las que no hay ninguna persona con un puesto de trabajo, tal y como la Constitución reconoce. Y la oposición sin embargo no avanza.

Por mucho que las encuestas reconozcan una posible victoria del PP por cerca de cuatro puntos eso no sirve para nada, Bruselas está demasiado lejos y en la percepción de los votantes sirve para poco. Lo que importa es Madrid, el gobierno de España, el gobierno de ¿todos? los ciudadanos. Y ahí Mariano Rajoy y sus tambores de oposición suenan demasiado lejanos y demasiado ineficaces, no convencen a nadie. Es imposible que con alguien como Rajoy el PP consiga mejorar su imagen ante los españoles, el PP no ha realizado esa reconversión total después de la derrota sufrida ya por dos veces ante Zapatero, los parches de algunos nombres como Soraya Sáenz de Santamaría y poco más no significan una renovación interna de los miembros con capacidad de decisión en el PP.
El PP todavía no ha cambiado esa imagen que le liga, seguramente de manera injusta, al franquismo; cada vez que un ayuntamiento cambia el nombre de una calle (y no me refiero al vergonzante cambio de Sevilla, que nada tiene que ver con el franquismo y sí con el pago de servicios a Pilar Bardem) el PP se retuerce para buscar excusas que detengan el cambio de placas. Parce mentira cómo una y otra vez los conservadores caen en la trampa, mil veces repetida, de los partidos de izquierdas. Estos chicos no aprenden. Quien esta columna escribe no comprende todavía como tenemos en la provincia en que resido calles, plazas y avenidas dedicadas a Mola, a Girón de Velasco o a José Antonio. ¿Cómo puede quejarse el PP se su mala imagen?
Y la corrupción… o lo que sea, como se le quiera llamar, puesto que todavía no hay sentencia que afirme tajantemente que eso sea corrupción (¿no sería por lo menos corruptela?) A lo de Camps y Valencia me refiero. Es incomprensible para el elector medio que haya tantas cosas poco claras sin que se salga por parte de los interesados a dar una explicación contundente y definitiva, nadie puede entender cómo se puede resistir durante tanto tiempo esa lluvia fina de acusaciones sin salir en pública comparecencia y ofrecer toda clase de explicaciones hasta la satisfacción total de los ciudadanos.

Resistir con cara pétrea, con el aspecto hierático e impertérrito de una imagen románica las acusaciones que día tras día caen sobre el presidente valenciano (Por cierto, alguien debería averiguar qué pasa con las filtraciones a la prensa y quién es el interesado filtrador) sólo sirve para arrojar sospechas y dudas sobre la actuación del presidente valenciano; cada día son mayores los ejercicios de fe que se exige a los atónitos seguidores del partido y cada día que pasa son más complicadas de rebatir las extrañas circunstancias que se van acumulando sobre Camps.

Que se resista a dar explicación suficiente, contundente y tajante permite intuir sin necesidad de mala fe alguna responsabilidad. ¿Tan difícil resulta dar la cara y aclarar las circunstancias? Que desde la dirección del partido no se le exija este ejercicio de responsabilidad parece responder a la táctica del avestruz. Lo malo de esta táctica es que al final facilita la caza del ave. Torpeza, claro.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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