Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Sarko, je t’aime

Pedro de Hoyos 29 Abr 2009 - 12:18 CET
Archivado en:

El primer viaje que realicé al extranjero, pagado con mi primer sueldo, fue a Francia. Ustedes perdonen si paso por encima de la francesada de 1808 y de las judiadas que nos hicieron y me declaro francófilo perdido. Mis limitaciones literarias y mi falta de memoria me impiden trasmitirles aquel maremagnum de sensaciones que inundaron mi ánimo en aquella ya lejana ocasión. Franco acababa de morir pero salir al extranjero seguía significando mucho más que traspasar una frontera física. Había algo de rebeldía emocional, algo espiritualmente prohibido, en aquel acto de pasar en tren por Hendaya. No les digo ya cuando con mi inmensa juventud a cuestas puse pie en la estación de Austerlitz.

Sí, sí, ya sé las mil y una que nos han gastado tradicionalmente, me conozco como todos la rivalidad histórica entre las dos naciones, pero en 1978 Francia era un sueño político y cultural que mis escasos primeros ahorros habían puesto a mi alcance y eso era lo que importaba. Pensé en tantos otros españoles que habían alcanzado el mismo destino pero obligados por circunstancias laborales o políticas de las que ya resulta difícil acordarse.

Y ahora ha venido Sarko y nos ha enamorado a todos. Miren, lo de la Bruni, sus trajes y sus posados me trae al pairo. Me produjo vergüenza cuando subiendo las escaleras con la esposa de nuestro presi se giraba continuamente para mirar a las cámaras y posar, mirar y posar, mirar y posar. Con lo rapidito que subió Sonso. Y me dio vergüenza de la estupidez nacional, de la simpleza de algunos españoles, de su tosquedad y de su falta de espíritu crítico, cuando tanta atención prestaban a quien en esas circunstancias no era más que un superfluo florero. Por muy bien puesto que tuviera el culo.

Pero, ah, Sarkozy… qué bien puestos los tiene. El caso es que no se recuerdan muchas ocasiones en que nuestros parlamentarios aplaudieran tan unánime, fuerte y entusiastamente. Hasta ahora Francia nos separaba de Europa y ahora puede ser el puente que nos lleve hasta ella. Nos guste o no dependemos de Francia para muchas cosas, estamos situados geográficamente donde estamos y eso es irremediable, no hay más cáscaras. Carreteras, túneles, vías férreas y otras infraestructuras paneuropeas dependen de la voluntad de quien gobierne en Francia. Y pasadas las feroces épocas de gilipollas excelsos como Giscard ahora gobierna un amigo de España. Pero si hasta le gustan los toros, si yo estoy dispuesto a olvidar que a alguien le gusten los toros, esa salvajada que nos ha hecho famosos, es a un gabacho, máximo si tiene el mando en plaza que tiene éste.

Sarko los tiene muy bien puestos quizá porque los franceses en general los tienen muy bien puestos, aunque este argumento valga en sentido contrario según a qué presidente de la república nos refiramos, y al otro lado de los Pirineos no se andan con determinadas chorradas que para nosotros son cuestiones vitales. La energía atómica, por ejemplo. Entre las infraestructuras de las que dependemos de Francia están las centrales nucleares. Como nosotros somos tan exquisitos que no las queremos, ay, cómo se pondría la izquierda, tenemos que comprar a los gabachos la energía eléctrica que producen sus centrales nucleares. Toma incongruencia.

Y los nacionalismos. Si algo envidio a Francia, rechazando de plano su jacobismo extremo que aquí sería impensable, es lo bien integrados que tiene los nacionalismos. Existiendo una Cataluña francesa… el nacionalismo catalán del otro lado de los Pirineos es ridículamente incomparable con el que existe en la Cataluña española. ¿A qué se debe, cómo han sabido montárselo los franceses, cómo han hecho para integrarlos en una república tan centralizada? Y del nacionalismo vasco o bretón podríamos decir casi lo mismo, aunque con ciertas diferencias. Prácticamente inexistentes.

Y todo ello manteniendo unas cotas de progreso envidiables, con una influencia en el mundo político y cultural que ya quisiéramos, y con un ejército poderoso. La última cosa que el espacio me permite añadir es que a los franceses no les da vergüenza ser franceses ni manifestarse con su bandera ni decir en público que aman a su patria. Parece ser que eso en Francia no es considerado algo fascista. Ah, L’Espagne…

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

Más en Columna de Humo

Mobile Version Powered by