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Cebrián y Roures, internacionalistas, proletarios y progresistas… capitalistas.

Pedro de Hoyos 07 May 2009 - 08:12 CET
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Yo les admiro cada día más. Hacen de lo imposible el arte de lo cotidiano, no convierten el pan en vino y no reclaman ser hijos de Dios pero milagros más llamativos que multiplicar panes y peces sí hacen. Han convencido a millones de españoles de que a pesar de ser empresarios poderosísimos son ciudadanos iguales a cualquier oficinista, semejantes a cualquier obrero que espera el final de la jornada en el andamio para ir a casa a ver las televisiones que dirigen estos proletarios de la comunicación de masas.

Su poder es tal que aunque que manejan euros a espuertas, aunque contratan y despiden curritos, aunque deciden qué debemos ver y leer cada mañana y qué ministro u opositor debe ser lapidado, han convencido a millones de españoles de que son ciudadanos iguales a ellos, de que son sus hermanos solidarios, arriba parias de la Tierra. Sólo les falta decirnos qué línea de metro toman cada día para ir al curro y a qué hora tienen que fichar. No es que sean como nosotros; más aún, son mejores que nosotros y desde sus despachos obreros y desde sus televisiones proletarias nos marcan el camino a seguir hacia el reino de la feliz Arcadia Progresista. Como si dirigir teles y periódicos fuese labor cotidiana de cualquier explotado peón, concienciado de su clase social entre barricada y barricada, entre manifestación y huelga reivindicativa.

Es tan curioso el caso del multimillonaro troskista como el del poderoso capitalista socialista, ambos buscando el cobijo del poder, el amparo del gobierno, digo yo que así tiene que ser muy fácil hacer la revolución. ¿Pero no era contra el poder como se hacían las revoluciones? Después de trabajar en sus despachos se retiran a sus confortables casas de urbanización de lujo dejando detrás un ejército de limpiadoras que no llegan a final de mes, de guardias jurados mal pagados, de periodistas sin tiempo de ver a sus hijos, trabajadores de todo signo al borde del ERE. Pero hay miles de españoles mileuristas que siguen con devoción sus prédicas progresistas, que confían en que estos caballeretes les van a desvelar todos los amaneceres las claves de lo que deben pensar para ser felizmente progres.

No convertirán el agua en vino pero algo de mesiánicos sí tienen, claro. Al menos para una parte de la ciudadanía que les sigue con los ojos vendados son la quintaesencia de la filosofía progre; sus teles dirigen cada día el sermón de la montaña para una España, para un “Estado Español” debo decir, que sigue con devoción y arrobo sus bienaventuranzas; sus periódicos son la biblia que estudian con entrega y delectación aquellos que los tienen como faro de su vida, aquellos que se han propuesto que de mayores serán como ellos, multimillonarios arrimados a la sombra del mejor árbol: el del poder.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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