Que yo sepa un mitin sólo sirve para que las teles den la noticia de su celebración, para que los informativos conecten en directo y veamos la cara del amado líder, del excelso paladín del progreso que nos patronee hasta las playas de Arcadia. Otra función no se le reconoce, salvo quizá, la de encontrarse con viejos conmilitones a los que hace demasiado tiempo que no se ve:
– Hombre, machote, ¡cuánto tiempo!
– Sí, desde las últimas autonómicas, ¿no?
– No, hombre, fueron aquellas generales que vino a dar un mitin Luis Marcelo
– No, te confundes, fue en unas locales que sacamos tres concejales propios más otros cinco que se nos pasaron del otro partido y ganamos la alcaldía por uno…
Y con un poco de suerte los dos paisanos se van a celebrarlo con un par de cañas en un bar de las proximidades, que aprovechando el evento ha duplicado los precios, en vez de asistir en plan comparsa aburrido al mitin del Gran Timonel del partido.
Personalmente hace mucho tiempo que no escucho ningún mitin, para qué si ya sé lo que me van a decir y no me interesa ni me van a convencer. Porque a los mítines nadie va a informarse y orientar su voto… sino que, qué extraño comportamiento, van los convencidos, los de “prietas las filas”, los que ya saben muy bien a quién van a votar. Pues entonces… ¿para qué van? ¿Para hacer bulto? O sea, espectadores espectáculo, espectadores de cartón piedra.
Pues esta vez tampoco voy a ir a ningún mitin, con lo bien que estoy en mi sofá, me tendré que aguantar con los que me cuelen los telediarios mientras pico la cebolla procurando no llorar. Además, si ya sé a quién voy a votar y no es ninguno de los gordos.
NOTA A LOS LECTORES HABITUALES:
Vivo en una ciudad pequeña en la que la inmensa mayoría de mis lectores lo son de los dos periódicos de papel en los que semanalmente publico mis columnas. Sin embargo en estos últimos dís he recibido por la calle varias felicitaciones… para los posteadores de mis trabajos digitales. Han abundado las intervenciones de gran altura, de calidad y de mucho interés. Traslado esta felicitación a quienes se las merecen: mis lectores «internéticos». Enhorabuena.
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