No basta con que los políticos sean honestos. Claro que deben serlo, pero no basta, además deben parecerlo, estar fuera de toda sospecha. Camps, el presidente valenciano, ha estado en el punto de mira de toda España por unos trajes por valor de trece mil euros. No hay político de altura en España que se venda por trece mil euros, pero es de torpes, muy torpes, admitir trajes regalados por trece mil euros. Camps, como poco, fue torpe, descuidado o infeliz. Trece mil euros son muchos euros para que nadie te los regale por tu cara bonita. Ni Camps tiene una cara suficientemente bonita para que le regalen nada por ella.
A mí nadie me ha regalado nada de ese valor. Jamás. Una vez, la madre de un exalumno me regaló el escudo de mi apellido. Chachi, oiga. El chaval había dejado de ser mi alumno y el cuadrito con su marco y sus chorreras lleva la intemerata colgado en la pared del lugar en el que suelo escribir. Cuando me acuerdo le quito el polvo. Hasta hoy. Pero ni soy político ni pretendían comprarme ni aquello valía más de unas cuantas pesetas. Creo recordar que es el único regalo que alguien ajeno a mí me ha ofrecido. Si aquel chaval me hubiese hecho un regalo costoso en pleno curso yo habría sospechado y hubiese tenido que devolver el regalo.
Hay regalos que no puedes aceptar, hay personas de las que no debes aceptarlos, hay personas que no deben aceptarlos. Salvo de sus familias o seres queridos. O a lo peor ni eso, ni de aquellos a los que quieres “un huevo” debes aceptar nada si presumes que alguna vez has de tomar decisiones que pueden afectar a quien te proporciona tan generoso donativo. Camps, en el mejor de los casos, ha sido torpe y se ha jugado su carrera por trece mil euros, cantidad para él y gentes como él absolutamente mísera y despreciable, cantidad por la que seguramente alguien “de sus posibles” nunca se vendería.
Hasta hoy no había escrito ni una línea sobre el caso Camps y he preferido esperar y ver. Ahora ya puedo decir que Camps, sin que sea oficialmente corrupto, ha sido enormemente descuidado, torpe, ingenuo. Como poco, aunque se podrían decir muchas cosas más por mucho que oficialmente está fuera de toda sospecha. De momento. Oficialmente el gobierno ha mandado a la fiscalía recurrir el archivo de la causa. Oficialmente el PSOE se está mordiendo las uñas por la oportunidad perdida. Ya que no alcanza la Generalitat de otra forma pretendía que la justicia le allanara el camino y en función de ello ha echado y seguirá echando toda la carne en el asador.
Además, el señor Camps debería revisar su torpe estrategia a lo largo de estos seis meses de batalla judicial, periodística y popular. Sus silencios y sus encogimientos de hombros han alimentado las maldades, medias verdades y/o verdades completas que sobre él se han dicho y publicado, en muchas ocasiones sus apocamientos parecían demostrar miedo y ocultación. Él solito alimentaba las voces que lo condenaban. Insisto: qué torpe.
Y hay diferencias entre aceptar una lata de sardinas y un traje. No digamos entre aceptar trece latas de sardinas y aceptar trajes por trece mil euros, ningún político cabal aceptaría un regalo de esas proporciones y está claro que Camps los aceptó. Será que Camps no es un político cabal. ¡A quién se le ocurre!
Por cierto, me gustaría saber quién filtraba tantos detalles a la prensa. A determinada prensa, siempre la misma prensa. No estaría de más que alguien nos filtrar esta información.
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