Siempre me ha llamado la atención que el puño en alto estuviera mejor visto que el brazo en alto, siempre me ha llamado la atención que los extremismos de izquierda estuviesen mejor vistos que los de derechas, siempre me ha llamado la atención que las dictaduras de izquierdas tuviesen una bula que no tienen las de derechas, siempre me ha llamado la atención que a nadie le llamara la atención este tipo de cosas, que se tuviera por natural, por “cosas de la vida”, o “es que el mundo es así”.
Van la ministra del ramo, ésa que es florero, quiero decir, y levanta empuño, ay, si levantara la cabeza la monja alférez de Alfonso Guerra. Y al personal le parece que ça va de soi. La que le montaron a Aznar por levantar los pies en la mesa del boss Bush. Debo reconocer que a Bibiana, la Barbie abortista del PSOE, le encaja por radical, porque en este PSOE zapateril, rojo, republicano y guerracivilista el más rojo, capador. Y eso que estaba el Guerra, que con ser el Guerra no levanta ya ni… pasiones.
La verdad es que a mí me da igual lo que levanten estos personajes, con tal de que lo bajen poquito a poco y encima de algo que sea resistente. España, por ejemplo. España es muy resistente, España resiste sin inmutarse lo que le echen, sea la guerra de Irak, sea un despilfarro socialista de millones de euros, sean ministros infumables, de los que ha habido una reata, empezando por la susodicha Bibiana. No excuso a algunos ministros de Aznar, para que haya leña pa’tós, pero tampoco me negarán ustedes que a Zapa le gustan los malos, los poco eficaces, los que pasan desapercibidos, los que en definitiva no pueden hacerle sombra ni ser sus competidores.
Ahora que lo pienso rectifico, he dicho que a la Bibi le queda bien el puño levantao por su radicalidad, pero creo que no termina de encajarme, con su rostro beatífico, con su sonrisa profidén, con su piel aterciopelada y su pelo lacio parece una sosa discípula de las madres ursulinas, así que ya me contarán como casa ella con el símbolo del siglo XIX.
Porque los implicados no se darán cuenta, pero el puño en alto es una imagen del siglo XIX, no hay nada más antañón, más antiguo, más pasado de moda que un hombre, o una mujer, con el puño arriba. El puño en alto en el siglo XXI es populacherismo barato para mineros entregados a la causa, es pura anacronía en la era de los viajes espaciales; creer que es símbolo de renovación, de prosperidad, de modernidad es tan torpe como creer que el bigote de Charlot es símbolo de futuro.
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