Ya he escrito varias veces que Occidente debe estar comprometido en la guerra de Afganistán. Allí se dirime la guerra del fin del mundo, allí combatimos para no tener que combatir aquí, allí paramos a los kamikazes que no queremos que lleguen a nuestros aviones, a nuestros trenes, a nuestros túneles de metro. El futuro de Afganistán es el futuro del mundo libre. Abandonar, irse, es dejar el campo libre para Ben Laden y los suyos.
Pero aquello es una guerra, justa, pero guerra. Zapa siempre se ha valido de la palabrería vana para cubrir sus intenciones y ofrecérnoslas envueltas en papel de colores. Decir que estamos en misión humanitaria es reírse de los soldados que tienen allí su destino, que caen muertos o heridos; decir que la misión en Afganistán es una justa poética o una batalla floral es pretender burlarse de los ciudadanos, tomarnos por tontos. La abuela del soldado muerto lo ha visto muy claro.
Pretender que nos creamos sin meditación ni análisis las frases retorcidas, alambicadas, estereotipadas, previsibles y hueras con que Zapa y sus ayrgamboys ministros se refieren a ello es dar por muerta nuestra inteligencia, la voluntad de los votantes. Zapahuero es un experto en imagen, en palabrería y en vaciedades rodeadas de nada. Tradición de la izquierda, que siempre se le ha dado bien el agit prop.
(Artículo programado para las tres de la tarde)
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