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La Gaceta de Intereconomía

Pedro de Hoyos 02 Nov 2009 - 12:01 CET
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Hay que definirse, tal y como están los tiempos hay que definirse. Nos deberíamos sentir culpables de tanto encogernos de hombros. “Dejar pasar, dejar hacer” se está convirtiendo en el emblema de nuestras clases medias mientras quienes dirigen la sociedad, no sólo quienes dirigen España, se aprovechan del desentendimiento general de la sociedad española. Y eso pasa en todas nuestras sociedades en escala personal; sea en los trabajos, sea en las comunidades de vecinos, España se encoge de hombros y deja que otros, con más iniciativa y entrega determinen permanentemente lo que hay que hacer.

Quizá por eso me he enganchado a la tele de Intereconomía. Me encanta que en su propia autopublicidad hagan defensa de los valores… cristianos. Iba a omitir la palabra y sustituirla por “tradicionales”, no permanezco impermeable a la laica influencia ambiental. Que un grupo de comunicación nazca con valores, permítanme, “poco actuales” (y échenle coña a la expresión) y haga alarde de ellos me anima y me permite descubrir que quizá no todo esté perdido, que quizá aún no sea demasiado tarde, a pesar del tiempo despilfarrado y del generalizado desentendimiento de lo que esté pasando. España está asistiendo con las manos bajas a la tarea ideológica más comprometida emprendida jamás por las fuerzas… ¿progresistas?

Y es que España ha entendido que abortar es un derecho y abortar más es ser más progresista y por lo tanto mejor. O que los homosexuales tienen el derecho al matrimonio (ojo, hablo de matrimonio, no hablo de equiparar otras condiciones de seguridad social, herencias y otros asuntos para las parejas, pero eso no es un matrimonio). En España se ha desatado hace años la fiebre del progresismo. A más progresismo más felicidad y bienestar general. Ignoro cómo se ha podido llegar a tamaña ecuación pero decir que es progresista es la falacia más enorme con la que gusta vestirse al ciudadano español para parecer actual y moderno. Con media España dejando hacer y la otra media convencida de que lo peor que le puede pasar es que le llamen facha o pepero los enemigos de esos valores tradicionales tienen el terreno allanado, que ancha es Castilla y pongamos un cinturón sanitario a la España de tradición cristiana.

Y ahora ha nacido La Gaceta. Detrás de la radio y de la tele viene la prensa de papel. No se trata de hacer la competencia a Juan Luis Cebrian o a Jaime Roures. No, que Intereconomía es la competencia del Poder, del sacrosanto Poder, del poder joseantoninano, por incontestable, de Zapahuero. Al contrario, doy por supuesto que en Intereconomía no esperan recibir el trato… esto… “relajado” que en el momento de su nacimiento, y aún posteriormente, recibieron estos grupos de presión. Al contrario, La Gaceta nace contra corriente, esforzadamente, nace contra toda las dificultades de este mundo caníbal en que nos hemos convertido en el siglo XXI. Nacen contra el poder, por cesárea, con fórceps, que ya es tener ganas de nacer con problemas.

Incluso la prensa que se supone defiende determinados valores, llamémoslo irónicamente, “pasados de moda”, parece hacer abstracción de todo ello, mejor no tener problemas, no fabricarse innecesarios campos de batalla. Mejor encogerse de hombros, ya digo. Defender públicamente valores cristianos, algo que a tanta gente puede parecer vergonzoso y pasado de moda, es algo refrescante, diferente y por lo tanto atractivo para quienes tanto amamos la prensa. Para ello “La Gaceta” que me entregan cada mañana en el quiosco es la colaboración y el alimento ideales. No se trata, entiendo, de defender las posiciones políticas o sociales de la Conferencia Episcopal, que ya tiene sus propios medios de comunicación para comunicar a la silente sociedad que nos envuelve sus posiciones. Me gusta por lo tanto el compromiso de La Gaceta y de la radio y la tele de Intereconomía con los nuevos “viejos valores”.

Cuando pretenden sustituir la navidad por la fiesta de invierno o cuando en los institutos de enseñanza se arrojan a la basura los portales de belén porque España debe ser laica los ciudadanos debemos “mojarnos”; tal y como están nuestros zapateriles tiempos es imprescindible comprometerse y defender las posiciones tradicionales, los elevados valores morales cristianos de la mayoría social de las clases medias, sin ceder terreno avergonzadamente frente a quienes justifican con la barbilla bien alta posiciones que arruinan sentimientos de los que deberíamos sentirnos orgullosos. Que un grupo de comunicación nazca con estos presupuestos ideológicos es querer complicarse la vida y dice mucho en su honor.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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