Soy católico practicante, ustedes perdonen. Y crítico, soy católico crítico, aunque no al estilo radical socialista de Bono, conste. Esto de ser católico últimamente vale para que le arreen a uno desde todas partes. Ateos, agnósticos, laicos, y anticlericales varios no necesitan excusas ni motivos ni razones, pero últimamente menudean también los que consideran que no eres suficientemente católico o no eres suficientemente pata negra y van y te sacuden. Hoy, sospecho, me van a dar por todas partes.
El caso es que Bono, a cuenta de la excomunión por el tema del aborto, tiene razón. No, no en lo del aborto, no a mi entender, pero sí en lo de Pinochet. Dice Bono que a Pinochet, con lo asesino que era de miles de personas le dejaban comulgar. Y tiene razón. Me parece.
Sí, soy católico aunque no se lleve o quizá precisamente porque no se lleva y siempre me ha gustado ir contra corriente, contra todas las corrientes. Y por ello me duele la situación a la que han llegado los seminarios, por poner sólo un síntoma del gran problema. La Iglesia, al humilde entender de este militante de base, hace mucho que dejó de lado a buena parte de los más débiles. Eso si hablo de la Iglesia como institución, no si hablo de multitud de sacrificados sacerdotes enclaustrados de por vida en parroquias rurales o en barrios pobres, no si hablo de una pléyade de sacrificados religiosos o seglares que pasan desapercibidos en la maraña social.
No voy a caer en la simple ordinariez intelectual de apoyar, como leí en Público en una ocasión, que el Papa debería vender el Vaticano para dárselo a los pobres, pero sí creo que la Iglesia debería haber defendido siempre a los más débiles, defendiéndoles con contundencia, publicidad y energía, y condenar a todos aquellos que bajo cualquier condición, con cualquier excusa y por cualquier motivo han abusado de la debilidad de los demás, condenándolos con radicalidad, sin clemencia y sin fisuras. Pinochet, y no sólo él, reunía méritos suficientes para que la Iglesia, de Roma a Santiago de Chile, le hubiera expulsado de sus filas en una sesión con banda de música, majorettes y confeti.
Hay multitud de católicos entregados personalmente, con enorme esfuerzo, sacrificio y valentía personales a luchar por los desheredados de la vida, ellos sin duda anhelan un acompañamiento de la Iglesia de Roma en sus desvelos. Hoy sin duda las víctimas más débiles y por lo tanto más necesitadas de defensa son los bebés no nacidos, pero las banderas que en su protección enarbola la Iglesia tendrían más seguidores, los seminarios estarían más llenos y las iglesias también si Roma fuese más coherente. Ya de paso la edad media de los sacerdotes no sería tan elevada y no habría tantas parroquias sin párroco.
Y ahora pónganme a parir, por favor.
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Post data: Me llama la atención que las críticas de Bono siempre son a la Iglesia, todas las afirmaciones que realiza en los sucesivos conflictos entre Iglesia y PSOE son contra la Iglesia, de las que se aprovecharan los amargos críticos antieclesiales, jamás concede un átomo de razón a los miembros de la Iglesia.
No se conoce una sola ocasión en que haya criticado al PSOE, nunca ha desautorizado las opiniones de la ejecutiva socialista, nunca ha criticado a Zapatero. ¿Por qué será que con tanta frecuencia cristianos por el socialismo son más socialistas que cristianos? ¿Alguna vez repartirán equitativamente las críticas? ¿O sólo se equivoca la Conferencia Episcopal y nunca la Conferencia Socialista?
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