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La huelga que fue huelguita

Pedro de Hoyos 08 Jun 2010 - 23:21 CET
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La huelga de funcionarios del pasado martes fue todo menos un éxito. A la mayoría de funcionarios no podía olvidársenos el triste papel de comparsas de Zapatero que durante años siguieron las dos uniones sindicales mayoritarias y la huelga se celebró casi contra ellos: todos, o la mayoría, en el puesto de trabajo. Y conste que me refiero exclusivamente a los sindicatos generalistas, no a los de funcionarios propiamente dichos, que carentes de las dimensiones de CCOO o UGT se han limitado durante este tiempo a hacer lo que podían.

Tomásemos la postura que los funcionarios tomásemos siempre sería interpretada por unos o por otros a su favor. Si acudíamos al trabajo el gobierno aludiría necesariamente a la seriedad y responsabilidad de los empleados públicos que comprenden que el Gobierno no sólo ha emprendido el camino correcto sino que está de su parte a pesar del recorte de salarios. Si no acudíamos al trabajo y secundábamos la huelga, UGT y CCOO, que durante años han aplaudido con las orejas la disparatada política zapateril cuya extrema prodigalidad monetaria ha colaborado con la crisis para llevarnos a la actual situación, considerarían que no nos hemos percatado de que ellos son corresponsables de la actual situación en calidad de aplaudidores, palmeros y tiralevitas.

La huelga no fue huelga, sino huelguita, y los que aparentemente apoyamos a Zapatero en realidad lo que hicimos fue preguntarles a los dos principales sindicatos dónde estaban hace tan sólo un año, tan sólo un año, cuando el Gobierno regalaba 400 € a cada contribuyente, subvencionaba a homosexuales de Zimbabwe o se gastaba miles de millones que ahora hemos de pagar con nuestro sueldo para levantar tapias nuevas en los cementerios de media España, pintar casas consistoriales o construir peligrosos carriles bici que nadie con buen sentido usa.

Zapatero no inventó la crisis, pero la negó sistemáticamente, intentó tomarnos el pelo y convencernos de que sin hacer nada, sin tomar decisiones y sin mojarse todo se solucionaría, que ya vendría tita Ángela y lo remediaría. Bien, pues ya ha venido, quizá demasiado tarde también, y así nos vemos. Con Zapa ya arreglaremos cuentas en las próximas elecciones.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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