Les puedo prometer y prometo que siento alegría por poder hablar bien del gobierno. Está uno acostumbrado a determinados ejercicios literarios y parece a veces que el teclado escribe solito, bien a sabiendas de lo que yo quiero expresar. Automatismo se llama eso, supongo. Es como lo de Zapa cuando se empeñaba en negar una crisis que todos veíamos como nos comía por los pies.
Bueno, pues no, pues hoy toca hablar bien del gobierno, jobar. Que le va a incautar el arma de fuego a tanto loco del volante que circula bebido o drogado. O a esos locos que creen que en realidad vuelan bajito. Como a ras de tierra. En realidad debería haber escrito “decomisar” y “vehículo”, pero qué más da, si ustedes me entienden y para algunos conductores son más peligrosos al volante de su vehículo que un mono con un kalashnikov.
Pues nada menos que dosmil asesinos del volante pueden perder su arma en los próximos tiempos tras la entrada en vigor hoy de la reforma del código penal. Por supuesto la medida no se aplicará por no accionar el intermitente, sino por cosas ligeramente más graves, como conducción temeraria, bajo los efectos del alcohol y por exceso de velocidad.
Si esa medida se aplica con rigurosidad y justicia, dentro de poco habrá dos mil asesinos sueltos menos, con el habitual regocijo de las gentes de bien, las calles y carreteras serán más seguras y los muertos por ¿accidentes? Evitables descenderán. Ánimo, Rubalcaba, a por las elecciones próximas.
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