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Un asador marbellí contra la ley antitabaco

Pedro de Hoyos 03 Ene 2011 - 21:21 CET
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A mí siempre me han gustado los rebeldes sin causa, poseen un aura de romanticismo que me atrae, se visten de nobleza y altura de miras para su entrega a causas elevadas. Si esa rebeldía se ejecuta con astucia y buen gusto tiene posibilidades de prender y arrastrar masas, supongo que es lo que pretende el asador marbellí que se niega a cumplir la ley. Aunque lamentablemente suele preferirse la violencia o cuando menos la brusquedad para oponerse al poderoso no es el caso de este asador que parece enfrentarse al gobierno como David frente al gigante. Y todo el que se oponga al gobierno tiene mis simpatías.

Como ya he dejado escrito estoy a favor de prohibir que se fume en bares y restaurantes. Y mira que me fastidia dar la razón a Zapa, sólo me alivia que esta ley no limitará ni mitigará su caída. Hoy he tomado el aperitivo en la ciudad de la que según el Myo Cid procedían los yernos de Rodrigo Díaz, la ley se respetaba y nada ocurría, no había suicidios, ni siquiera manifestaciones o alborotos. Sin embargo que alguien intente devolver una pelota a la pista del gobierno es algo que me encanta y hasta estoy a punto de desdecirme de todo lo opinado sobre la ley.

Seguro que es una ley maximalista y que hay multitud de aspectos que podrían haber sido limados, se ha intentado que hubiese bares para no fumadores y no ha funcionado. Acepto que a Zapa y compañía les entusiasma más de la cuenta prohibir y prohibir con tal de simular que hacen algo de provecho, pero ahora mismo estoy encantado con entrar en un bar y que nadie me atosigue. Sé que mi postura es contradictoria, pero no soy el único al que le gusta lo salado y lo dulce: que se opongan a Zapa aunque me guste entrar a un bar y poder respirar.

Sin embargo, que parte del efecto de la ley se base en la “pajiniana” posibilidad de denuncias anónimas me trae aromas de dictadura, reminiscencias de la Unión Soviética o de la más oscura cárcel castrista. Y si ustedes quieren también puedo referirme en similares términos a las cárceles de Pinochet, pero de eso hace demasiado tiempo, oiga. Por eso me encanta lo del asador de Guadalmina, porque puede ser la llama en que prenda la rebelión antizapateril. No lo creo, me parece imposible en un país sumiso y claudicante, imposible en un país amante de gobiernos fuertes, imposible en un país que acepta como demócrata todo lo que venga desde la izquierda por venir desde la izquierda.

Claro que soy contradictorio, es que soy humano, muy humano, y además me gusta el romanticismo de los rebeldes sin causa. ¿Sin causa?

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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