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El esclavo sexual de Telecinco (Con la colaboración de mi hija)

Pedro de Hoyos 30 Ene 2011 - 20:47 CET
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Estoy convencido, y así llevo tiempo escribiendo, de que la televisión que vemos nos define personal y colectivamente. Somos lo que vemos, como somos lo que comemos o lo que sabemos. O lo que ignoramos. El éxito de determinados programas –Sálvame, La Noria y otros- y de determinadas cadenas –ponga usted las que quiera- es un canto a la cultura española, entendiendo la palabra “cultura” tanto en su acepción más propia como sinónimo de idiosincrasia.
Nuestro nivel cultural es el que es, el que las autoridades han buscado durante tantos años de ingeniería educativa: somos dóciles, manipulables y limitados de intereses culturales. No es de extrañar, pues, que los programas televisivos más rastreros sean los de mayor éxito popular. No demando que programen Aida, a la ópera me refiero, conste, todos los días, pero es dolorosamente nauseabundo que triunfen absolutamente todas las miserias que ofrecen aquellos que quieren obligarnos a consumir tele a tutiplén. Y eso es de lo que se trata, evidentemente, programas miserables, basura catódica y espectáculos repugnantes para cualquier mente medianamente sensible. Y ahí entra la Educación: ya apenas quedan esas personas, han ido desapareciendo a medida que los programas ¿educativos? han triunfado y conseguido los objetivos previstos: Toda España ante la pantalla a presenciar cómo se destrozan una madre y su hija despechada, pongamos.
Nos tragamos cualquier cosa que bendiga la pantalla, cualquier insulto a la inteligencia, cualquier agravio a la cultura; devoramos con fruición cualquier muestra de analfabetismo mental. El esclavo sexual de Telecinco, por ejemplo. A España le va la esclavitud, llevamos dentro la necesidad de sentirnos encadenados; A Zapa, por ejemplo, o a Rajoy; al tabaco o a la ley antitabaco, también. Esto es lo que le va al Estado, el Estado no quiere ciudadanos, sino esclavos sometidos. Y los españoles están encantados de haberse conocido como esclavos del Estado, ya ve usté. Telecinco ha tenido que desembolsar 5.500 euros por el ¿espectáculo? del que estoy hablando.
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(Aviso al lector, por cuestiones domésticas debo dejar el teclado en manos de mi hija adolescente, exclusivamente ella es la autora de lo que sigue a modo de continuación de mi inacabado artículo)
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¿Dónde ha quedado la dignidad de este individuo? Ya lo sé, vendida por 5500 euros, todo por mantener entretenida a una sociedad analfabeta y carente de emociones, nos estamos convirtiendo en unos monstruos que se entretienen a base de la pérdida de dignidad de otros. Pero no sólo nosotros: ¿Qué va a ser de las generaciones venideras? ¿Qué va a pasar cuando decidan poner en práctica lo que para ellos ya es normal? Pues vayan planteándoselo porque eso es lo que va a ocurrir, la primacía del dinero porque… ¿Qué han aprendido? Que con el dinero ya se compra hasta la dignidad, todo se puede conseguir con dinero y vaya usted a decirle que por encima del dinero están valores como el amor, la inteligencia, la sensatez… etc. Porque ya será tarde, en sus cabecitas ya no entrarán razones, son lo que ven; no siempre se es lo que se quiere sino lo que te ayudan a ser y nuestra sociedad les ayuda a ser unos descerebrados a los que nada les importa más que el mínimo esfuerzo, el aspecto físico y los programas en los que se le pone un precio a la vida, a contar las intimidades y a reírse de otros. Bueno… reírse o llorar, porque al oír hablar de un tipejo (no se merece otro nombre) que vende su dignidad para contar una parte de su vida de la que debería avergonzarse a mí me dan ganas de esconderme y no volver a salir, de revindicar que mis hijos y los hijos de mis hijos merecen un nivel cultural de acuerdo con la educación que reciben.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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