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San Juan de Baños

Pedro de Hoyos 26 Mar 2011 - 09:06 CET
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Supongo que es inevitable que la edad lleve a la nostalgia. Un par de casualidades me han traído, otra vez más, San Juan de Baños a la memoria. La iglesia más antigua de España es un compendio de buena parte de mis recuerdos de niñez. Alejado de las obligaciones escolares y de la rigurosidad familiar me resultaba un lugar próximo a la fantasía que me acercaba a la libertad.

Siendo yo infantilmente ignorante de la importancia histórica y artística allí resumida, la basílica era para mí una referencia habitual en el paisaje próximo; merendar con mi familia y sus amigos bajo la sombra de su ábside y después corretear por la misma fuente que siglos antes había sanado a Recesvinto fue durante años costumbre repetida en el buen tiempo, costumbre que yo invariablemente finalizaba con ingenuos juegos de aventuras, escondiéndome de supuestos enemigos a los que siempre vencía.

La ermita, alejada del casco urbano, conserva el valor mágico y misterioso que sin duda poseyó para sus constructores. Mientras la luz y el silencio rural envuelven en paz el paseo a su alrededor, en la penumbra interior el tiempo viaja más lento para el visitante, enredado en capiteles, frisos y sillares, mientras las columnas de mármol, indiferentes a los testigos, mantienen orgullosas el secreto de su procedencia.

Me entretengo en el pequeño parque modernamente construido tras el triple ábside. Árboles, jardines y bancos mantienen el aire romántico del monumento, aunque tal vez distraen e intentan disimular mis debilitados recuerdos de aquella época en blanco y negro. Envuelto en mí mismo dejo pasar los minutos a la espera de nada, sólo el loco ruido de alguna lejana motosierra a todo trapo disturba la apacibilidad de las horas. La placa que allí honra la memoria de Don Martín, el párroco de Baños en aquel momento y en cuya casa pasábamos tardes enteras, me hace sentir que a veces los hombres buenos sí son reconocidos por los suyos. Merecidamente.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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