Al respecto de este artículo Ignacio Escolar me ha enviado el correo-e que figura al final. Animo al visitante a su lectura.
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Que vivimos en un país peculiar queda demostrado porque encumbramos básicamente a dos tipos de personajes: el inculto pero gracioso, llamativo o excéntrico, pongamos que hablo de cualquier miembro de la fauna que puebla programas como La Noria, Sálvame o –antaño maricastaño- Tómbola, y el dalai lama de izquierdas que pontifica infaliblemente sobre España. Cualquiera que sea de izquierda, cuanto más radical mejor, y que tenga labia y medios suficientes es enseguida entronizado en los altares españoles.
A los primeros los entronizan los zarrapastrosos españoles de hiel burda y escasa vida interior y a los segundos los elevan a los altares aquellos que han decidido pasar la vida disfrazados de progres. La progresía falsa, verbal y posturera –no la de aquellos que se van al Amazonas a luchar contra la deforestación, por ejemplo- es uno de los disfraces que más gusta a los españoles. Y cuanto más aparente, vistosa y radical sea esa vestimenta progre más se les cae la baba a los seguidores del santón de turno.
Igual que estamos dispuestos a adorar cuanto nos venga del extranjero en la seguridad de que será mejor que lo español –cualquier día China o Estados Unidos nos venderán paellas que compraremos entusiasmados- estamos dispuestos a besar por donde pisan los grandes gurús de la progresía hispánica. Ya puede decir el Gran Guayomin los mayores disparates, que siendo él y procediendo de la Sexta habrá millones de ciudadanos memos e irreflexivos que reclinen sus cabezas humildemente en señal de afirmación y sometimiento. Lo ha dicho el Guayomin y punto. Que lo ha dicho la Sexta, oiga.
Hoy la chorrada ante la que bajarán su testuz las masas planoencefálicas la ha dicho otro santón de la panda de Roures, otro becerro de oro de la izquierda mediática, ha hablado Nacho Escolar. Calle el pueblo sumiso, avive el seso y acepte en reverente silencio el dictamen del brujo sacrosanto de la tribu progresista.
A Bildu se le pedía rechazar el terrorismo y lo ha hecho numerosas veces. Condenar a ETA es tremendamente fácil en documentos y declaraciones, no entiendo que no hayan sido aceptados por el Tribunal Supremo. Tan fácil como luego, una vez aposentados en las instituciones, pasar subvenciones o el padrón municipal a los amigos de ETA. Sin embargo Bildu es la prolongación de Batasuna, caballo de Troya de ETA y verga monumental en el trasero de la democracia. Eso lo sabemos todos menos el señorito Escolar; otra cosa es que no se haya podido demostrar en los tribunales, ante los cuales no sirven simples suposiciones.
Zapatero es la radicalización del socialismo y últimamente la radicalización del esperpento, pues negar que él haya causado recortes sociales es sólo posible en una obra de Valle-Inclán. O de Gaby, Fofó y Fofito. Por eso necesita soportes cada vez más radicales y por eso cuanto más se aleja el PSOE del centro izquierda más lejos le queda “la derecha extrema”. Y es que a veces uno no sabe si es el propio tren el que se mueve o es el de al lado.
Contra la radicalización del PSOE zapateril Rajoy nada entre dos aguas, acomplejado y silente ante la realidad, no vayan a decir que es de derechas. La vaciedad en la que se desenvuelve bajo su mandato este partido deja un espacio a su derecha a la espera de un líder que se decida a dejar tirados en la cuneta de una campaña electoral los complejos que siempre ha arrastrado la derecha de España.
¿Derecha extrema? ¡Inanidad extrema!
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Correo de Ignacio Escolar:
«Hola Pedro.
Leo en http://www.periodistadigital.com/periodismo/internet/2011/05/11/nacho-escolar-buda-viviente-pedro-dehoyos-bildu-etarra-roures.shtml
que me atribuyes la cita «Es un éxito democrático que un etarra pida
el voto para Bildu” y yo no he dicho jamás tal cosa. Lo que sí he
escrito, textualmente, es lo siguiente: «Pues a mí que dos etarras que
han pasado 25 años en la cárcel pidan hoy el voto para un partido que
rechaza el terrorismo me parece un éxito de la democracia.» Está en mi
blog
http://www.escolar.net/MT/archives/2011/05/9814.html
Supongo que tanto el entrecomillado que me atribuyes como lo que
verdaderamente he escrito te parecen igual de mal. Estás en tu
derecho. Pero por favor, no cambies mis palabras porque para mí una
frase y la otra no son lo mismo.
Un saludo,
Ignacio Escolar»
Y ésta fue mi respuesta:
Ignacio, he sacado la cita, por supuesto entrecomillada, de algún digital. Lamento no poder recodar cuál, pues leo la mayoría de ellos.
Lamento el error y por ello te pido disculpas, pero no es mío. Si no tienes inconveniente mañana colgaré tu explicación en el blog.
Pedro de Hoyos
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